[ Ver índice con todas las películas x en alta calidad - Descárgatelas a tu pc para siempre ]
Capturas reales de las chicas en las salas de chat con webcams - Conversa en Español 100%

 Sexo y Porno Gratis
Novedades de hoy
Enlaces X Gratis
Videos Streaming
Blog Porno Gratis
Galerías de Fotos
Videos Cortos
Postales de Humor
Videos Curiosos
Contactos de Sexo
Tienda Sex-Shop
Nuestras Pelis
Sección para Chicas
 Menú de Relatos
 Películas Largas
 Chat con Putas
Autor: Anónimo
 

Calidas Noches

1 ¡No es cierto, La pelota había entrado fue gol! – le increpó Luís a José.

2 No fue gol huevón.

3 Sí fue gol.

4 Oe… no jodas, no fue gol.


El partido de la tarde había traído cierto disgusto al grupo, al parecer el problema era que uno de los tiros directos de Luís contra el arco de José había sido sacado casi desde la misma línea del arco, lo que volvía el asunto harto complicado, indeterminable y con mucha duda tanto así que hasta cargada la noche aún no habían arreglado sus diferencias.


4 ¡Ya cállense, mierda! – están haciendo demasiada luz.


Les había gritado Marcos, a quien ya le estaba llegando la trifulca de sus brothers y no era que también estuviese molesto por lo del partido, sino más bien, el que los dos zonzonazos, como los habría llamado alguna vez, podrían hacer que los pescaran en su misión nocturna por los techos del vecindario. Pero muy a su pesar, José y Luís se quedaron en uno de los techos sacándose la mierda. Marcos enfurecido corrió en puntitas de pies como bailarín para no hacer ruido hasta donde estaban los dos pelmazos, los cogió del cogote como muñecos de año nuevo y los hamaqueó.


5 ¡Qué les pasa imbéciles, no hagan bulla! No ven que la Naomi se va a dar cuenta, están sobre la peluquería del maricón. Tenemos que avanzar antes que Ana y su hermana lleguen de sus aeróbicos.


Marcos no era más alto que Luís y José (dos piltrafas cuchufletas con pelos parados), tan solo un poco más fornido, pero si era el más creativo del grupo y muchas veces había evitado que los atrapen en sus barrabasadas.

Aquella, era otra cálida noche de verano como las tantas que habían disfrutado. Pero esta vez por fin habían terminado la secundaria, con cursos a marzo o sin ellos, lo único que les importaba en ese entonces era que estaban libres de tanta clase e iban a disfrutar de sus vacaciones y, según lo planeado, estarían llenas de mucha playa, fútbol y Ana Castro Revilla la mejor chica del vecindario, porque según lo que se decía en el barrio entre chibolos, adolescentes y el bodeguero de la esquina, Ana era una mamacita nalgona de piernas bronceadas, que al caminar parecía estar modelando ropa interior porque hasta eso se le traslucía en la ropa a la muy desgraciada, pero había que tener un ojo entrenado como decía el bodeguero (un sexagenario morboso que todavía soñaba con caerle a Ana y darle de alma) para poder distinguir el hilo dental en tremendo culo. Pero si el detalle se quedaba corto, ella tenía un par de encantos más. Por el frente lucía orgullosa dos formas juguetonas y fogosas que con cada paso de su andar empezaban a vibrar, como si quisieran que las vieran y ovacionaran.


La ventana del cuarto de Ana se encendió y Marcos supo que el momento había llegado. Ana compartía la habitación con su hermana Hanna, que también estaba en algo, según decían.

En el techo de los Castro, la pandilla se acomodó bajo el cielo estrellado de la noche cálida y ensalzada por los ánimos al tope. Todos se habían prometido diversión y esa tendría que ser la noche del derroche carnal, mental, casi seminal. Era el momento, sin duda, y pensaron: todo voyeur tiene su momento y este era el de ellos, una Venus a un lado de la ventana y un deseo en el otro.

Casi conteniendo la respiración se sentaron en el techo cerca de un muro que los cubría un poco.


6 ¡A qué horas aparecen! – protestó José.

7 ¡No seas impaciente! – le respondió Marcos - ya van entrar, déjalas mear al menos ¿No?


De pronto, notaron que alguien había entrado en el cuarto y comenzaron a alborotarse como bichos en lomo de gato. Excitados, impacientes. A empellones buscaron ganar un sitio para una mejor vista. Marcos y José habían acaparado casi todo y el débil Luis quedó relegado a un costado incómodo, del cual solo se veían las plantas del jardín interior de la casa.


- ¡Puta mare! - masculló Luís – ¡Oe, dejen ver!

A estas alturas Hanna ya se había quitado todo a excepción de la ropa interior. Marcos y José se miraron en complicidad.


- ¡Que rica esa huevona! – Dijo Marcos.

- ¡Ahora se esta metiendo el dedo! – Exclamó José tratando de hacerse el gracioso.

- Ya chicos, no inventen ¡Déjenme ver mierdas, no veo nada! – reclamó Luís quien ya estaba pensando otra forma de tener una mejor vista. Se había percatado de una pared frente al cuarto, un poco angosta, pero por donde podría caminar hasta lograr una ubicación cercana a la ventana. Los chicos seguían concentrados.


8 ¡Luís! - dijo Marcos sin voltear a verlo – espera que entre Ana y te dejamos ver, además no te estas perdiendo gran cosa con Hanna.


Pero Luís ya estaba en su travesía por la pared, hacía mucho que había dejado de escucharlos para llegar pronto hasta la mitad. Estaba cerca y el corazón le reventaba de emoción. En ese momento, entró la Diosa Ana.


9 ¡Luís ven a ver!


Marcos volteó pero no encontró a nadie.

10 ¡Mira! – indicó José con asombro.

Luís estaba haciendo un esfuerzo por lograr llegar lo más cerca de a la ventana de las chicas. La pared era de dos pisos lo cual justificaba el temor de José.

11 ¡Qué mierda cree que está haciendo ese huevón! – exclamó Marcos furioso, pero esa furia en realidad era puro temor. – ¡Se va a caer ese imbécil!

Comenzaron a hacerle señas para que regresara. ¿Y Ana? De la Gloriosa Ana ya se habían olvidado hace rato. Sus penes ya no respondían a los voluptuosos cuerpos de las muchachas sino al sudor de la preocupación. No podían gritar ni avisarle porque sus gritos delatarían sus obsesiones carnales. Sin embargo confiaban en que Luís, de un momento a otro, diera la vuelta y regresara.

En su cuarto Ana con las tetas al aire y el calzón a medio sacar se reía con su hermana calata, que buscaba una tanga para después de bañarse.

Los chicos siguieron haciendo señas, mientras el obnubilado Luís trataba de mirar al mismo tiempo que mantener el equilibrio en el peligroso muro. José intentó ir por él, pero Marcos lo detuvo y le hizo entender el peligro de su impulso.

12 ¿Qué hacemos ahora? – preguntó José.

Hanna ya no estaba en el cuarto pero Ana seguía en él y ya se había sacado todo, se estaba probando un sostén con encaje nuevo. Más abajo, su arbolado pubis rizoso se distinguía como flecha indicadora de la ruta de sus largas piernas. A ella no le faltaba nada: era perfecta, era esbelta; alta, piel canela dorada como la almendra, nalgas firmes apretadas, tetas bellas con pezones rozagantes. Estaba hecha para admirar, excitar e hipnotizar hasta al más frío de los terrestres.

13 ¡LUIIIIIIIIIIIIIIIS!

Se oyó un grito angustioso, contundente y luego un fuerte golpe y otro por el rebote. Luís había caído. Ana se había tapado y asomado a la ventana. José y Marcos hicieron lo justo y espantados vieron el bulto. Parecía un muñeco, por unos segundos no creyeron que fuera Luís, pero pronto un charco oscuro que comenzó a aparecer bajo su cabeza, les dio la cruel certeza de su desgracia. Pronto sintieron como la noche se hizo fría, como el deseo se tornó agrio, pero no era un sueño aquello. Era verdad.

No demoraron en escucharse los gritos de la señora Castro, de Hanna y hasta del pequeño Joaquín – el hermano menor - al encontrar el cuerpo de Luís ahí tirado como un trapo, un despojo, algo que nunca fue más que un deseo gobernado por un nombre. Y ese era Ana.


***


Los días pasaron inclementes por la congoja, la pérdida para la familia de Luís había sido terrible. Todos los del barrio asistieron al entierro; todos incluso Ana, quien también mostraba pena por lo sucedido. Por un momento Ana pareció querer acercarse a los chicos, pero su padre la detuvo disimuladamente. Esa misma tarde Los Castro Revilla se mudaron del barrio. Marcos y José los vieron embarcarse en un ómnibus de provincia. Las dos hermanas se habían sentado juntas, Ana para el lado de la ventana. Ella había volteado a verlos. De pronto, el ómnibus arrancó y Ana en un arranque de locura se subió el polo frente a ellos, no tenía sostén. En ese momento ambos amigos entendieron que ni las cálidas noches de verano, ni las bellas tetas de Ana harían que Luís regresara.

 
 Follar ahora es fácil
 + Webs Nuestras

 Videos Interesantes

 Anuncios Clasificados

 Buscador Porno

 

 

Anuncios Clasificados Gratis ( España )

Chat X Webcams Porno Chats de sexo Webcams X Chat Porno Webcams Sexo

Realizado por BURWEBS S.L.