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Mis mejores vacaciones
Soy una reciente divorciada de 39 años, mi nombre es Mª José y esto que os cuento sucedió este mismo verano en Benidorm, en la costa española. Yo había ido allí a pasar unos días de vacaciones sola, pero con la intención de…bueno, vivir una aventura. A pesar de mis años me conservo bastante bien por lo que dicen: mido 1,74 m, soy rubia de pelo largo y rizado, con unas piernas y unos pies bonitos, mis pechos tampoco están nada mal, son grandes y con unos pezones marrones y crecidos, al igual que mi culito redondito que llama mucho la atención. Sin embargo, lo que más me gusta de mi es la cara, me conservo muy bien y me gusta mucho provocar con la mirada.
Sexualmente nunca he sido algo extraordinario, me gusta el sexo, pero con mi ex- marido no encontraba la suficiente motivación, ni tampoco iba más allá de la mera penetración. Como os contaba, había ido a la playa a pasármelo bien, pues mi divorcio había sido hacia menos de un año. El mismo día que llegue a Benidorm, y tras deshacer la maleta en un hotelucho de mala muerte, me dispuse a ir a la playa “vestida”…con mi bikini más pequeño. Al acomodarme en la arena sentí que las miradas de un grupo de chicos se centraban en mi cuerpo; en mis pechos, en mi trasero, en mis piernas…No sé, eso me hizo sentirme sexy de nuevo y sin pensármelo me quite la parte de arriba del bikini (algo que jamás había hecho) empecé a echarme crema solar en mis pechos y me tumbe a tomar el sol. Sin embargo, y aunque Benidorm sea un lugar frecuente de vacaciones, no podía imaginar que a pocos metros de mí se encontraba mi vecino Raúl. Este chico tiene 22 años y le conozco desde que era un niño, y aunque siempre he notado que le atraía, pensaba que eran cosas de críos. Tras darme un baño y ponerme de nuevo el bikini, alguien me toco por la espalda, al volverme, cual fue mi sorpresa al ver a Raúl. Estaba bastante guapo, tras saludarnos hablamos un rato, pues hacia bastante que no nos veíamos, él había ido allí en espera de un amigo, pero todo se le había torcido. No se porque, tal vez por sus miradas a mis pechos me empecé a poner cachonda, por ello cuando me invitó a trasladarme a su hotel no lo dude ni un momento.
Después de comer, Raúl y yo volvimos a la playa, pero esta vez juntos. Al llegar me preguntó sino tenía pensado hacer top-less. Eso me sorprendió un poco, pero al mismo tiempo me excitó saber que él me estuvo mirando por la mañana.
-¿Qué? ¿prefieres ver las tetas de una vieja en lugar de las de una jovencita de tu edad? Le pregunté.
-De una vieja...jaja ¡Yaa!- dijo él- ya les gustaría a las chicas de mi edad tener tus pechos. Creete que no les he quitado ojo en toda la mañana y si tuviera otra parte de mi cuerpo encima tampoco la quitaría.
Diosss, eso a mi me puso cachondísima, los pezones se me empezaron a poner durísimos y notaba como mi bañador se iba mojando poco a poco. Sin dudarlo, me quite el bikini, Raúl sonrió mirando fijamente mis pechos, y me fui al agua. Él enseguida me siguió. En el agua, no dejaba de jugar conmigo y la verdad que no me importaba, me excitaba mucho sentir sus roces por mis pechos, por mi cintura y notar el bulto de su bañador en mi culo, yo le facilitaba la tarea y Raúl lo sabía. Cada vez estaba más cachonda, los roces cesaron en mi culo para pasar a mi coño; los dos disfrutábamos con ese juego y él viéndolo metió la mano dentro de mi braguita para empezar a tocarme suavemente con sus dedos y pasar a meterlos dentro de mi vagina. Todo esto era nuevo para mí, me quede sorprendida en un principio, disfrutando con sus dedos dentro de mí y de sus besos en el cuello. Yo gemía despacio mientras él me decía q disfrutara. Pero yo también quería hacerle disfrutar a él y metí mi mano en su bañador. Pude notar el tamaño y el calor de su pene que empecé a menear lentamente para pasar luego a moverlo con más fuerza y rapidez mientras yo estaba cada vez más mojada; después de un rato le dije que se corriera. Tras meneársela un poco más él se corrió y a pesar del agua pude notar el calor de su semen resbalando por mis dedos.
Después de esto, yo no aguantaba más, quería seguir disfrutando de Raúl, pero en privado, así que decidimos ir al hotel. Él entró en la ducha primero; cuando hubo terminado entré yo que sin dejar de pensar en lo sucedido en la playa empecé a tocar mis pechos y mi concha, estaba más húmeda que antes, no podía más. Salí de la ducha mojada y en ese mismo momento Raúl entró en el baño, por fin pude ver su pene, era grande y muy bonito, estaba todo rasurado como mi almeja. En menos de un segundo Raúl ya me estaba abrazando, a la vez que nos besábamos fuertemente, cuerpo contra cuerpo podía notar su pene pegado a mí y sus manos bajando lentamente hacia mi culo. Cogiendome en brazos me llevó a la cama, me tumbó y me dijo:
-Quiero que disfrutes como no has disfrutado nunca Mª José, mi diosa.
Tumbada de espaldas, empezó chupándome los pies para subir por las piernas, su lengua se centro en mi culo, abrió mis nalgas y jugó con ella dentro de él. Yo no podía parar de gemir y de gritar su nombre, le gritaba que siguiera y el me daba más. Pasó a darme la vuelta y tras estar lamiéndome las tetas y poner su pene en ellas, bajo lentamente hacia mi concha. Abriéndome las piernas, sacó su lengua y con su punta rozo mis labios rosáceos, eso me hizo estremecerme de placer. Sin dejar de gritar le cogí de la cabeza para que no parara de chupar mi clítoris, pero él no paraba, absorbía mis jugos, acompañaba sus lametazos con sus dedos y sin aguantar más me corrí gritando su nombre como nunca me había corrido, pero él no paraba. Le dije que era mi momento, tumbado en la cama, comencé a tocarle el pene con mis pies, para después colocarlo entre mis pechos, sintiendo su líquido en mis pezones y más tarde chuparlo; nunca lo había hecho, pero dios como me gustaba su pene, sentirlo dentro de mi boca, succionarlo con mis labios y tocar con mi lengua su frenillo. Él medio incorporado en la cama metió su dedo en mi culo…yo ya rozaba otro orgasmo y deseaba que se corriera, pero era pronto aún.
Puesta de rodillas en la cama y con el tumbado, agarre su pene con fuerza y me lo metí despacio en la vagina. Empezamos a movernos lentamente, pero pronto aceleramos el ritmo. Jamás había gritado como esa tarde, él acompañaba sus envestidas con sus dedos, que húmedos por su saliva tocaban mi clítoris, no dejaba de gritar:
- Soy toda tuya cariño¡¡¡¡¡Aaaaah!!!! métela duro que quiero correrme encima tuya.
Mi vagina cada vez apretaba más su pene y el cada vez me la metía más duro, sin aguantar más terminé por correrme otra vez. Raúl también estaba a puntito, lentamente saqué su pene de mí y empecé a chupar con fuerza, sin parar de gritar mi nombre se corrió abundantemente en mi boca y por mis pechos. Los dos terminamos exhaustos, tumbados el uno sobre el otro en el primer día de lo que serían mis mejores vacaciones.
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