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Autor: Anónimo
 

Fragmentos de sumisas

Barcelona, hoy en día.

Has venido a leer mis relatos en alguna ocasión. Has leído relatos de otros. O simplemente has leído, sin conocer el autor, sin averiguar demasiado. Después de ver tanta pornografía en Internet entiendes que la única cosa que conseguiría excitarte es leer relatos que se salen de lo que consideras acostumbrado. De ningún modo pensaste que tu mente se estimularía de tal manera leyendo relatos de violaciones, incesto, violencia, sadomasoquismo, etc. Entiendes que has venido aquí a leer, a pasar el rato o a dejar volar tu imaginación. Lo que poco a poco confiesas es que te estas sorprendiendo a ti misma como protagonista de todas y cada una de esas situaciones.

Barcelona, Agosto de 1993

Ella era morena y delgada, la piel de su cara, de sus brazos, de sus piernas, era una piel castigada por el Sol y por los años. Se agradaba y le agradaba que a sus 50 años mantuviese un cuerpo que hacia que los hombres prolongasen sus miradas en ella. Pero también le apenaba saber que nunca podía volver a ser hermosa. El tiempo discurría de manera evidente sobre su cuerpo. Sus pechos caían en la dirección contraria a la que tomaban cuando era joven, el pelo de su pubis desaparecía, la carne de sus antebrazos colgaba de manera resbaladiza. Ella era morena y delgada, tostada por el sol y vestida con un pantalón y una camisa sin mangas. El maquillaje y su pelo moreno y cortado a lo garçon la reconciliaban con la imagen de una matahari en plena prejubilación. No obstante era atractiva, al menos a mi me resultó atractiva. De esas mujeres que al verla pensabas: "no es realmente hermosa… pero su edad puede resultar una ventaja". Sucedió todo cuanto un amo puede esperar del primer encuentro con una sumisa, ella me escuchaba, parecía entender todo cuanto yo le relataba, ella economizaba las sonrisas y evaluaba mis mensajes. Cuando entramos en la habitación del hotel simplemente se arrodillo sin decir nada y cerró los ojos. Yo acerqué una silla, saqué las cuerdas que llevaba en mi mochila y la ate a la silla. Vestida. Luego me fui a dar una vuelta, desairándola de esa forma y manera. Creo que estuve cerca de una hora paseando por la calle. Cuando volví seguía sentada, parecía que no hubiese movido ni un músculo de su cuerpo. No dijo nada cuando me oyó entrar. La desaté y la ordené que se desnudase. Lo hizo, de la manera más simple y rápida posible, sin pretender una suerte de artístico striptease en ello. Luego quedó íntegramente desnuda frente a mí. Intenté adivinar donde se encontraban las grietas de su firmeza y advertí que se humedecía constantemente los labios, estaba alterada. Pero parecía firme en sus actos. La até boca abajo en la cama. Luego saque la fusta pequeña de mi mochila y la pasee por su arrugada espalda hasta finalizar en su culo. Ella tembló ligeramente. Me quedé quieto, sin hacer nada. Esperando. El primer azote cayó en su culo al cabo de cinco minutos, cuando menos lo esperaba. Pero durante esos cinco minutos de total inmovilidad y mutismo ella no hizo nada. En ese momento supe que iba a ser una buena sumisa. Lo fue.

Barcelona, hoy en día.

Tú lees mis relatos. En ocasiones te identificas con las mujeres que describo o con las situaciones que represento y has imaginado. Todos disponemos de una imaginación. Simples deseos incumplidos. ¿Por qué? La moral nos agobia bajo su peso, nos impide respirar. Miramos a nuestro alrededor y percibimos a nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo… y pensamos "ellos son normales". ¿Normales? ¿Qué es lo normal? Ellos son como tu, como yo. Son humanos y nuestra condición de tales nos hace tener nuestras necesidades.

Barcelona, Noviembre de 1999.

Ella era pequeña, algo rechoncha, achaparrada en definitiva. Vino vestida de colegiala, tal y como la ordené que lo hiciese. Resultaba chocante verla con esos calcetines blancos, esa falda escocesa plisada y ese suéter azul. Porque ella tenía mas de 30 años. Aunque su cara de cerdita hacía que tampoco reflejase una indumentaria en exceso extraña. Parecía una solterona en una despedida de soltera o una amiga en una noche de carnaval. Habíamos quedado en la calle. Cerca de su casa. Casi nunca tengo una primera sesión ni en mi casa ni en las casas de mis sumisas. Nunca sabes como acabará una primera sesión. Pero habíamos quedado cerca de su casa. Media hora mas tarde ella estaba arrodillada, en el suelo de su cocina, con las manos atadas en la espalda mientras yo intentaba sodomizarla afanosamente. A ella parecía gustarle. Mi polla se perdía en su gordo culo y aunque yo hacía auténticos esfuerzos por romperle el culo con mi polla no era capaz. No era la primera vez que la sodomizaban. No era la primera vez que la ataban. Ella no me perdía de vista, sin cesar en unas sonrisa entupidas. Entonces saqué mi polla de su culo y comencé a abrir los armarios hasta que di con la bolsa de basura, no estaba demasiado llena pero la vacié sobre su cabeza. Ella me miró extrañada. ¿No querías nuevas sensaciones, mi pequeña colegiala cerdita? Pues me temo que era la única nueva sensación que podía proporcionarle.

Barcelona, hoy en día.

Nunca trato igual a las sumisas que han pasado por mi vida. Cada mujer es diferente, diferentes necesidades y sensaciones. Y aunque les hago creer que están obedeciendo a mis necesidades en realidad lo que nunca sabrán es que están obedeciendo a sus propias necesidades. Cada mujer tiene su propia velocidad, sus propios miedos, sus personales anhelos. Y hasta que no conoces eso no sabes tratar a cada sumisa como un individuo particular, no como un ente común. Nunca trataría a una sumisa como una sumisa. Trato a una persona como una sumisa. Tu eres una persona. Ahora pregúntate ¿eres una sumisa?

Barcelona, Agosto del 2002

Mis parejas nunca han sido mis sumisas (y viceversa). Pero en ella encontré a una pareja con autenticas necesidades sumisas. Pero nunca fue mi sumisa. Me pedía que la sodomizase, que le enseñase a chuparme la polla, me pedía que la insultase y la escupiese, me comía el culo y yo me meaba en su boca. La utilicé como si fuese una sumisa. Pero era mi pareja. Debería haberla tratado como mi pareja siendo una sumisa. La mejor sumisa que conocí nunca.

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