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Nuestra Primera vez entre Amigos
Lo recuerdo como si hubiese sido ayer...
Era una de esas noches frescas de verano, nos encontrábamos dentro del auto, tomando unos deliciosos mates y charlando de banalidades. Nuestros cuerpos teñidos de un bello plata debido a los finos rayos de luna que atravesaban la frondosidad del parque.
-¿Qué tienes Ricardo?-. Preguntó Josefina mientras guardaba el termo.– Estás pensativo-.
-¿Confías en mí?-.
-Por que me lo preguntas-.
-¿Confías?-.
-Si-. Dijo dubitativamente.
-Cerrá los ojos-. Le dije, mientras tomaba un pañuelo y luego de doblarlo se lo ataba en la cabeza, sumiéndola en la oscuridad.
-¿Qué haces?-.
-Shhhh-. Susurré a sus oídos. –Tranquila-.
Tomé sus manos, las lleve por detrás del asiento y las até con otro pañuelo.
-Me asustas-.
-No tienes nada que temer, es un regalo que tengo para vos-.
Tomé sus piernas y las até también.
-Ricardo-. Dijo algo nerviosa.
-Shhhh. No pasa nada-.
Saque dos plumas que tenía guardadas para la ocasión y comencé a recorrer con ellas el cuerpo de Josefina lenta, muy lentamente. Pasé por el rostro, baje por el cuello, juguetee en su escote por un par de minutos, deleitándome con sus primeros suspiros.
Seguí descendiendo por los costados del cuerpo, para detenerme a jugar con el ombligo. Se arqueo levemente. Dejé las plumas unos instantes para desabrochar su pantalón.
-Ricardo, no-. Dijo asustada.
-Shhhh, no tengas miedo-. Susurre. –Confía en mi-.
Tomé el pantalón y se lo baje lentamente hasta las rodillas.
-No, por favor-.
Empecé a acariciar sus muslos con las plumas, subiendo por ellos, acercándome a la fina tanga blanca que llevaba puesta. Suspiró nuevamente. Tomé su remera y la levanté por encima de la cabeza. El corpiño hacía juego con la tanga, aunque era algo más transparente, dejando notar unos pezones ya endurecidos por las caricias.
No...-.
Un leve temblor recorrió su cuerpo cuando las plumas rozaron el corpiño.
Ricardo no...-. Empezó a hablar.
Mis labios sellaron su boca en un beso apasionado. Deje las plumas y desabroche el corpiño. Mis dedos recorrían en forma circulas los pezones, cada vez más erectos.
Los suspiros iban en aumento. Fui descendiendo con unas de mis manos hasta llegar a la tanga, acariciando el triangulo de placer por encima de ella.
Ya no suspiraba, empezaba a jadear. Despegué mis labios de los suyos, solo para que mi lengua comenzara a jugar con sus pezones.
-Ahhhh, no-. Dijo entre excitada y asustada. – No debemos-.
-Shhh, tranquila... preciosa-.
Tomé la tanga y la baje hasta la altura del pantalón, acaricie el clítoris cariñosamente, amorosamente.
-Ahhhhh-.
Introduje mi cabeza entre sus muslo, recorriéndolos con mi lengua, saboreando centímetro a centímetro su femineidad, absorbiendo los primeros jugos que me regalaba.
-Ahhhhh-.
Mi lengua iba y venia cada vez con mayor velocidad.
-Ahhhhh-.
Luego de unos segundos se arqueo y con un grito me inundo de jugos el rostros.
-Ricardo, bésame-. Dijo entrecortándose y temblando de placer.
La bese, largo y tendido. Tomé sus manos y las desaté. Hizo un ademán de sacarse el pañuelo atado sobre sus ojos.
-Todavía no-. Le dije.
Me acomodé sobre mi asiento, me desabroche y baje el pantalón. Me baje el calzoncillo y tomando una de sus manos la guié hasta mi miembro. Lo tomo con algo de nerviosismo, le susurre que se calme que yo la iba a guiar, le repetí por enésima vez que confíe en mi.
Comenzó a subir y bajar lentamente, acelerando el ritmo a medida que entraba en confianza. Mi excitación aumentaba más rápido de lo que quería.
Tomé su cabeza y la fui llevando hasta mi miembro. Ha esta altura ya no oponía resistencia alguna. Abrió sus labios y empezó a juguetear con el glande. Yo no aguantaba más, deliraba de placer mientras acariciaba sus pezones y su clítoris con mis manos.
Introdujo todo mi miembro dentro de su boca y no aguanté más, estallé en un sinfín de emociones, mientras ella se retiraba sorprendida por el líquido que corría por la comisura de sus labios.
Luego de unos segundos, y después de decirle que no se saque todavía el pañuelo, descendí del auto, fui hacia el lado del acompañante, abrí la puerta y luego de desatarle las piernas la ayude a bajarse y a recostarse sobre una frazada que había colocado sobre el césped segundos antes.
-No Ricardo, eso no-. Dijo indecisa.
-No va a pasar nada-. Le respondí tranquilizándola.
Me coloqué entre sus piernas, apoye mi miembro sobre sus labios y comencé a restregarlo sobre ellos.
Estuve unos minutos haciendo este movimiento, tratando de tranquilizarla y excitarla lo suficiente para que disfrute conmigo de ese momento único en el que uno se transforma en hombre y ella en mujer.
Lo empecé a introducir lentamente.
-No, ahhh, duele-.
-Shhh-.
Apenas había entrado la cabeza.
-Ahhhh, duele-. Dijo excitada pero a la vez entre lagrimas.
Eso me decidió, y de un envión introduje mi miembro en su ser, note cuando la barrera entre la mujer y la niña se rompió, me apene cuando note esas lagrimas que me obsequiaba mi amiga.
Aumente la velocidad de mis estocadas, la excitación aumentaba rápidamente, hubo unas contracciones, mi miembro pareció quedar atrapado entre sus labios y unos segundos después estallamos al unísono en un grito de hombre y mujer, un grito de amantes.
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