[ Ver índice con todas las películas x en alta calidad - Descárgatelas a tu pc para siempre ]
Capturas reales de las chicas en las salas de chat con webcams - Conversa en Español 100%

 Sexo y Porno Gratis
Novedades de hoy
Enlaces X Gratis
Videos Streaming
Blog Porno Gratis
Galerías de Fotos
Videos Cortos
Postales de Humor
Videos Curiosos
Contactos de Sexo
Tienda Sex-Shop
Nuestras Pelis
Sección para Chicas
 Menú de Relatos
 Películas Largas
 Chat con Putas
Autor: Lovegirl
 

Tiene que ser hoy

No, yo no he conseguido nada, sólo ha decidido por fin hacerme caso. Se lo he pedido tanto, que por fin ha cedido. Sólo se ha rendido, pero no me desea. No he conseguido que me desee. No tiene lujuria, mi cuerpo no vale nada para él. Nunca me toca, ni me mira, y es por eso. Aunque me quiera, aunque me abrace y llore y diga todas esas cosas tan hermosas. Me quiere por desesperación. Sí, esa es la palabra.

Desesperación. Me desesperan sus manos contra mi piel, su cuerpo contra el mío y sus labios que me besan como si yo fuera de porcelana. No siento pasión. Quiero que pierda la cabeza y que me haga el amor. Quiero sentirlo. Ha pasado mucho tiempo, la imaginación me desgarra por dentro y no me deja pensar, ya no soy racional. Este hombre es mi vida entera, soy su esposa, y le quiero. Quiero ser una mujer. Quiero sentirle dentro de mí y ser suya, sentir su peso y su huella en mi carne, que me desgarre la única inocencia que me queda… Esa idea me obsesiona. No es una idea sucia, es hermosa, es experiencia, quiero saber qué es.

Sus manos están heladas. Todo su cuerpo está helado, lo noto porque le acaricio el cuello, las mejillas y los labios que tiemblan de frío y de miedo. Está oscuro y apenas distingo su silueta; aún está sobre mí, pero le conozco, se va a apartar. No va a tocarme. Le conozco mejor que la madre que nunca tuvo. De repente, noto una paz extraña dentro de mí. Había estado excitada, deseando e imaginando, pero no me di cuenta hasta que he dejado de estarlo. Me duele la vagina y desprendo humedad como una perra en celo. Debería darme asco pero sólo me doy lástima, y quiero llorar.

Quiero que me trate como a una mujer, no como a una niña.

Es un castigo del cielo-. Lo he dicho en voz alta. Sin darme cuenta.


Cuando le conocí… ¿qué edad podíamos tener? Yo siempre decía que me casaría con él. Le recuerdo tal como ahora, asustado, frágil, suplicando amor y lleno de tristeza. Su padre le enviaba cada poco al hospital más muerto que vivo hasta que le acogimos. Y yo siempre supe que me casaría con él. Porque le quiero. Porque se hace querer. Porque sigue siendo un niño asustado que me suplica amor de forma desesperada.

Me vuelve a besar, y yo abro los ojos. Un beso frío en la mejilla. Su aliento huele a tequila. Seguramente el bar del hotel ya ha cerrado, por eso ha subido ya. Sé que bebe, y mucho. No me gusta. Bebe para olvidar, para cerrar los ojos y no soñar por las noches. Pero no me gusta.

Dame tiempo.

Su voz es una súplica desarticulada.

El beso se alarga, noto sus labios secos recorriendo mi cuello sin saber a dónde ir. Estoy cansada, porque va a volver a pasar, le voy a ofrecer mi cuerpo y mi alma una vez más, y otra vez me va a rechazar. Quiero abrazarle con mis piernas y clavarle las uñas en la espalda, es lo que me pide la imaginación y la lujuria, sentir que su pene me abre las entrañas, el dolor del himen al desgarrarse, mi propia sangre en la sábana, sentirme hueca por dentro. Sí, es lo que quiero, y quiero hacerlo con él, con mi hombre. Mi marido.

Le quiero. Lo pienso una y otra vez como una obsesión, ahora mismo, tumbada en esta cama y esperando nada. Noto mi vagina embebida y fría temblando. Y contraigo esos músculos no sé si de forma inconsciente, siento la presión suave de la vagina vacía sobre sí misma y no me calmo, ni me consuelo. En las piernas noto sus manos que suben hasta mi costado y se deslizan bajo la espalda. Se acuesta sobre mí y noto su peso, pero eso ya no me excita. Si le abrazo con las piernas, se apartará otra vez. Ni siquiera se ha desnudado. Nunca le he visto desnudo, y él a mí tampoco, porque mi cuerpo no vale nada.

Hazme el amor. Ahora-. Y pienso en lo que acabo de decir. Es una orden, una súplica, una amenaza, no lo sé. Es todo eso al mismo tiempo y no me importa cómo vaya a reaccionar.

Yo tenía diecisiete años el día que le hice prometerme que nos casaríamos. Ahora mismo tengo en mente aquel momento, sus ojos brillaban de alegría y le temblaban los labios. Siempre me había querido.

Soy el amor de su vida. Por eso me tiene miedo. Tiene miedo de desearme, de destrozar su amor de niño por mí y convertirme en su mujer, lo sé, estoy segura. Tiene miedo de romper esa magia y la inocencia que nunca tuvo. Tiene miedo de convertirse en hombre y de saber que también él puede sentir placer con la lujuria de los animales, de que yo sea un animal.

Soy un animal en celo,- acabo diciendo. Estoy delirando por sus besos que no llegan a ninguna parte y porque le quiero, y por lo torpe que es.

Cállate.

No está enfadado. Lo ha dicho sin pensar, sin mover la lengua, está tan borracho que aún no entiendo cómo sigue despierto. Al menos, ha dejado de temblar. Busco su mano con la mía. Sigue fría. Pongo su mano sobre mi pecho. Lo acaricia con tan poca pasión que no siento ni cosquillas.

Si lo haces, te querré más- le digo-. Quiero que lo hagas.

Yo no quiero tener hijos. No quiero.

Siento su mejilla sobre mi pecho, y sus dedos buscando de nuevo mi espalda. Creo que se va a dormir.

Pero yo sí quiero. Ya te he dicho que quiero. Quiero un hijo tuyo.

Mi sangre no vale nada. Y no quiero. Todo… está bien como está.


Me acaricia el muslo como si fuera el lomo de un perro. Yo espero. En la penumbra siento que se arquea sobre mí como si fuera a apartarse otra vez, pero se estira y pone su cabeza a la altura de la mía. Hunde la nariz y los labios en mi pelo y se queda quieto. No ocurre nada.

Su pene roza mi piel y vello púbico durante un segundo. No lo sé, pero espero, y entonces rebrotan las ansias, el hambre y la excitación justo ahí, acabo de notar el glande desnudo y pegajoso al tocarme por dentro. Es un reflejo innato, no lo sé, pero de pronto inspiro con fuerza y abro aún más las piernas. No va a parar, esta vez no va a parar, no debe hacerlo.

Hoy hará lo que debió hacer hace ya dos meses, en la noche de bodas tan triste y llena de malos recuerdos, cuando supe que yo no era para él más que una divina muñeca de porcelana a la que idolatrar. No quiere hacerme daño, no quiere ensuciarme con instintos bajos, quiere que sea para siempre el amor intocable y sagrado de la infancia. Pero ahora no es él. El alcohol le calma y le hace olvidar las cosas horribles que me dijo aquel día.

Por favor…- murmuro yo, y es un gemido de súplica, un gemido desesperado.

Quiero que me desgarre la virginidad de la carne, que lo haga ya y sin miramientos, quiero gritar al sentir cómo rompe la muñeca de porcelana y folla a la perra en celo, a la mujer desesperada. Le abrazo el cuello como si fuera mi propia vida y siento que gime junto a mi oído. Sus caderas tocan las mías y se arquea con torpeza.

Me concentro en mis sensaciones y le abrazo, aún más fuerte, hasta hacerle daño, hasta asfixiarle contra mi piel para que se hunda en ella y no vuelva a dejarme nunca. Y él acepta el castigo con resignación, como siempre. Todo lo que yo le haga está bien. Voy a dejarle respirar. Se aparta un poco, y siento un cosquilleo dentro de mí cuando su pene se agita y me acaricia mis jugos de hembra como envuelto en seda.

"No me ha hecho daño", y pensarlo me hizo sentir entre excitada y desilusionada, no sé por qué, pero al menos está dentro de mí, y eso me gusta. Sí, eso me gusta, tal vez yo no tenga himen, no me importa, me da igual, sólo quiero que vuelva a agitarse y vuelva a rozarme las entrañas, quiero sentir su pene como una cuerda fibrosa que me llena por fin y me sacia el hambre.

No me he dado cuenta de que él gimotea como un niño pequeño que no sabe qué hacer. Su cuerpo está rígido y comienza a temblar. No, quiero que siga, ahora debe seguir. Le beso, desesperada, tenso la cadera hacia él y noto que el pene se hunde aún más en mi cuerpo, el glande me roza muy adentro, y ahora su cuerpo y el mío están encajados como una llave en la cerradura, sin espacios vacíos, la unión perfecta.

El instinto de la naturaleza más animal me conducen, lo sé. Sé lo que tengo que hacer, quiero seguir moviéndome para seguir sintiéndole dentro. Le quiero tanto, tanto… Quiero protegerle eternamente, abrazarle, besarle. La lujuria con él no tiene sentido, es amor, intenso y exasperado, quiero que forme parte de mí, que me selle para siempre, quiero el semen de su apellido maldito que no quiere darme. Le quiero a él, sólo a él. Le perteneceré, le seguiré a todas partes, haré lo que me pida… pero no quiero que pare.

Estate quieta, ya lo hago yo.- Apenas le entiendo pero le dejo. Quiero que lo haga él. Aprieta sus labios contra la almohada junto a mi oído y siento las yemas de sus dedos clavándose en mi espalda, se arquea sobre mí y noto la tensión en todos sus músculos, pero está tranquilo y creo que lo hace bien.

Ahora estoy quieta, me estoy dejando. Tengo las piernas muy abiertas y la vagina a su merced, empapada de jugo espeso que hace ruido al contacto con su pene, y ese sonido pegajoso me excita más aún, y me estoy aún más quieta. Le abrazo y cierro los ojos para concentrarme en esta fantasía real, en la que mi carne sufre al fin el tacto de la suya que la posee y la doblega. La perra en celo está siendo dominada, y se está muy quieta, muy quieta.

¿Le estará gustando? Tal vez mañana ya no recuerde nada. Sé que le está gustando, creo que lo noto. Al fin y al cabo, este es el instinto del placer extremo, tiene que gustarle hacer el amor conmigo. Le estoy tratando bien, se lo estoy poniendo fácil, no sé qué más hacer. Mañana ya no recordará que incluso él puede convertirse en la bestia que teme, pero yo recordaré lo mucho que gocé al sentir que me penetraba con toda su fuerza de hombre.

No está bien.- Oír eso me sorprende, pero creo que está hablando sin sentido. Ha tardado pero se ha abandonado al instinto y ahora le ha puesto ritmo a sus movimientos, incluso yo le sigo en esa cadencia cada vez más rápida, más fuerte. Le abrazo con las piernas por fin, le cierro sobre mi vagina y mi vientre que está sediento de él.

Quiero un hijo tuyo. Quiero un bebé, quiero concebirte un hijo y sentirlo dentro como te siento a ti.

No sé por qué digo esto, y no sé por qué decirlo me excita tanto. Hablar con él ahora mismo me excita, aunque sólo diga tonterías. Pero me excita la idea, sí, la idea de su semen quemando las fronteras de mi carne de niña y hacerme mujer. Somos jóvenes, tenemos toda una vida. Quiero ser madre, y quiero que sea ahora.

Ahí abajo ya no siento mis jugos. Estoy húmeda por todas partes, de mí y de él, de sudor, calor y cansancio. Me duelen los músculos del vientre pero las paredes de mi vagina aún palpitan de ganas y devoran el pene que se mueve dentro. Siento el glande en alguna parte y noto que vuelvo a mojarme por el ansia. Quiero que me conquiste. Mi corazón late como si fuera a reventar, tengo los labios secos y ya no resisto. No sé qué es, pero quiero de alguna forma que termine. Este placer extremo debería durar siempre y sin embargo sé que quiero que termine.

Mi vagina se estremece y se contrae, la piel que la rodea la noto como eléctrica al sentir el roce de la carne mojada, y quiero gritar de placer. Siento que la humedad se desliza dentro de mí y que todo esa excitación disminuye, pero mi vagina aún vibra y no sé si es dolor o gusto, aún se agita y busca, me rozo contra él por instinto y aún alargo esa sensación, el pene rompiéndome por dentro, pero ya termina todo. Mis piernas y el resto de mi cuerpo están agotados.

Es el final, ¿no?

Me siento un poco tonta al preguntarlo, pero él asiente con la cabeza, como un niño, sin apartar su mejilla de la mía.

El pene aún está dentro de mí, palpitando, descansando. Sólo ahora me doy cuenta de lo duro que llegó a estar antes, como una cuerda de fibras hinchadas de alcohol y de sangre.

Él se está durmiendo, y yo le acaricio el pelo. Respira con fuerza, como yo. No sé si ha llegado al orgasmo, pero creo que sí. Pensé que sentiría el chorro de semen como una cascada de crema caliente conquistando una vagina indefensa y sedienta. Quería tener la sensación de que ya no había vuelta atrás, que esta noche me marcaría con su sello de macho para preñarme, y atarme para siempre. Sí, eso me excitaba, me gusta pensarlo. Pero no he sentido eso, aunque me haya gustado.

Merece descansar. Sí, lo merece por fin. Por fin me ha hecho caso.

 
 Follar ahora es fácil
 + Webs Nuestras

 Videos Interesantes

 Anuncios Clasificados

 Buscador Porno

 

 

Anuncios Clasificados Gratis ( España )

Chat X Webcams Porno Chats de sexo Webcams X Chat Porno Webcams Sexo

Realizado por BURWEBS S.L.