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Autor: Pipo
 

Desvirgando a mi novia

En ese tiempo cursaba yo el último año de la preparatoria, contaba ya con 19 años de edad y estaba participando en un grupo deportivo de la escuela. Ahí ingreso al mismo grupo deportivo una chica de 18 años del primer año de la preparatoria, la llamaremos Gloria. Casi desde el inicio empezó a coquetearme y lanzarme miradas, se notaba que yo le gustaba. Poco después al hacer amistad entre todos en el grupo, algunos amigos hacían bromas acerca de que yo le gustaba y que ella se derretía por mi, me decían que ya le hiciera caso, que al fin de cuentas en ese tiempo yo andaba sin novia, etc.

La verdad a mi no me gustaba mucho Gloria, pues no poseía una cara hermosa, era bastante dentro de lo normal, casi podría decirse que un poco fea; lo que si tenia eran unos senos bastante desarrollados y erectos y un buen par de piernas que llamaban la atención. Un día hubo una fiesta a la que asistimos varios y ahí decidí hacerla mi novia, al salir la lleve en mi auto a su casa y nos estacionamos cerca, empezamos a besarnos y ella demostró ser bastante fogosa, a pesar de ser virgen, según sabia yo por comentarios. No pasamos de besos y caricias, ya que su madre apareció llamándola desde la casa, pues ya era de madrugada.

La siguiente vez, fui por ella a la salida del ensayo del coro de la iglesia a donde ella asistía, para lo cual se salio mas temprano y así tener nuestro primer encuentro ya como novios. Me estacione en un lugar oscuro y de inmediato empezamos a besarnos con pasión, al poco rato yo empecé a tocarla descaradamente, probando si ella se dejaría, ya que de cualquier forma no me importaba si ella se enojaba y decidía terminar el noviazgo. Para mi sorpresa, ella en vez de molestarse, cooperaba abiertamente, le desabroche el pantalón y deslice mi mano por su entrepierna, encontrando su calzón bastante mojado. Luego deslice mis dedos debajo de la prenda y empecé a frotarle su concha por fuera, ella me abrió el pantalón y saco mi verga erecta y empezó a frotarla con poca maestría pero mucho entusiasmo, mientras seguíamos besándonos. Llego el momento de otra prueba y deslice mis dedos en su concha, pero abriéndole los labios, metiéndolos dentro de esa cueva caliente y virgen; ella emitió un profundo gemido y separo mas las piernas. Continuamos frotándonos y besándonos hasta que decidí que era todo por el momento, nos separamos bastante excitados y fui a dejarla a su casa.

Posteriormente continuamos saliendo, yo iba por ella a su casa en el auto y nos íbamos a pasear a diferentes partes, invariablemente terminábamos estacionados en algún lugar oscuro, casi siempre en un parque grande que hay en la ciudad, donde las parejas se estacionan a dar rienda suelta a sus ganas, sin que nadie moleste, solo hay que cuidarse por si aparece la patrulla policíaca de vez en cuando. Ya ahí iniciábamos con sesiones de besos cada vez más calientes y profundos.

Ella sabiamente tomo la costumbre de vestir siempre con falda cuando salíamos, para facilitar las cosas, pero siempre cuidando su preciada virginidad, pues a pesar de usar falda, se ponía encima del calzón un par de pantymedias, de esas que cubren en una pieza las piernas y el área del calzón, para que así no pudiera yo lograr penetrarla, enseguida les explico la razón. Ya estacionados, iniciábamos con besos muy calientes, excitándonos cada vez mas, luego empezaba a meter mi mano debajo de su falda y sus prendas intimas, deslizando mis dedos dentro de su vagina que ya para entonces estaba hecha una laguna de mieles calientes, ella gimiendo excitada y yo besando y succionando esos pechos deliciosos y erectos, mientras ella me frotaba con ansias la verga. A las pocas veces de salir, ella por iniciativa propia paso a algo mas, soltándose de mis manos y subiéndose encima de mi a horcajadas, como si fuéramos a cojer, pero solo se frotaba mi verga en su concha, con el calzón y la pantymedia de por medio. La pantymedia impedía que yo fuera a hacerle el calzón a un lado y la fuera a penetrar, así cuidaba su virginidad a la vez que nos dábamos placer a medias. La cosa era cada vez mas excitante, ella montada encima de mi, directo en mi verga, la cual a veces tomaba con la mano para colocársela en el sitio justo, moviéndose y meneándose como si estuviera penetrada, gimiendo mientras yo la acariciaba y le besaba los pechos; a veces nos pasábamos al asiento trasero y ella se acostaba y yo encima entre sus piernas y continuábamos con el simulacro de penetración. Terminábamos siempre más excitados, pero el tiempo de irse llegaba inevitablemente.

Para mi fortuna y sin esperarlo, un sábado que pase por ella, venia vestida como siempre, pero ese día no traía las malditas pantymedias, me dijo que descubrió que no tenia, y como ya era tarde no pudo ir a comprarse unas. Me da igual, pensé, va a ser lo mismo, pero estaba equivocado. Inicio la ya conocida sesión de besos y caricias, y al montarse ella encima de mí fue cuando ambos nos dimos cuenta de la enorme diferencia que hace una delgada tela. Pude acariciar directamente sus deliciosas piernas, sintiendo esa piel tibia en mis manos, mientras mi verga frotaba solo la sedosa tela de su calzón, la cual ya estaba mojadísima de los líquidos lubricantes de ambos. Yo no hacia el intento de hacerle a un lado el calzón y penetrarla, pues como dije antes, Gloria no me gustaba del todo y no quería comprometerme mas con ella, un embarazo seria desastroso y no tenía un condón a la mano. Gloria empezó a excitarse mas de lo acostumbrado al sentir que mi verga tocaba casi directamente su concha, ya que cuando ella se meneaba y bajaba sobre mi verga erecta, esta entraba un poco entre sus pétalos empujando la tela del calzón hacia dentro.

Todo eso aunado a los besos y caricias sobre su senos, la hicieron perder la cabeza, de pronto se quito de encima de mí y para mi sorpresa se despojo de su ropa interior, montándose nuevamente sin darme tiempo a nada, solo atine a decirle QUE HACES?? Pero ella no me respondió, tomo mi verga durísima con su mano y la coloco entre sus pétalos. Me sentí como su nombre indicaba, en la GLORIA, al sentir su concha caliente y rebosando de mieles espesas, pero aun así tenia en mente el problema en el que me podía meter, pero ella estaba excitadísima.

Empezó a bajarse poco a poco, mi verga fue entrando en su cuerpo con dificultad, ella jadeaba agitadísima, cuando sentimos que solo entraba la cabeza de mi verga pues su himen no permitía el paso del intruso, se agarro del respaldo del asiento a la vez que yo la tomaba de las nalgas y empujando ambos rompimos la barrera de su virginidad haciéndola emitir un grito que tal vez en los otros autos escucharon, pero nada nos importaba ya. Mi verga resbalo de golpe dentro de esa concha calientísima e inundada, inicio ella el meneo en círculos que siempre hacíamos, pero esta vez totalmente ensartada en mi tranca, luego arriba y abajo, delante y atrás. Mi verga entraba y salía bien ajustada de esa cueva antes virgen, haciendo chasquidos con los líquidos de ambos. Estábamos totalmente enloquecidos de placer, yo por las sensaciones que me proporcionaba ese cuerpo virgen encima de mí con movimientos tan expertos y tan deliciosos, ella por tener por primera vez dentro de su cuerpo una verga dura y bien erecta mientras le besaba y succionaba los senos y los pezones. Estuvimos así por bastante tiempo, hasta que Gloria empezó a acelerar las arremetidas y los gemidos, los cuales se volvieron casi gritos, jadeando y gimiendo fuera de si, cuando de pronto sentí como todo su cuerpo se tenso, su panocha apretó fuerte mi verga y ella empezó a jadear ruidosamente mientras su cuerpo temblaba pegando totalmente sus tetas en mi pecho, viniéndose en tremendo orgasmo, el primero de su vida. Al sentir todo esto ya no pude aguantarme mas y olvidando las posibles consecuencias la sujete de las nalgas y empecé a bombear su panocha con fuerza, la cual aun continuaba pulsando sobre mi dura verga, y en unas cuantas arremetidas sentí que me iba al cielo, o mejor dicho, a la Gloria, descargando dentro de ella torrentes de semen calientes, que por tanto tiempo habían esperado inundar esa cueva. Acabamos exhaustos, agitados, pero luego recuperamos la conciencia y el miedo no se hizo esperar. Nos acomodamos las ropas apresurados, ya era casi la una de la madrugada.

El trayecto a su casa fue en total silencio, ella se bajo de prisa pues su mama estaba en la puerta esperándola, sin saber que su hijita acababa de convertirse en mujer, y que mujer. Después vinieron días de angustia, hasta que afortunadamente su periodo se presento, salvándome de tremendo compromiso. Después de un par de semanas, decidí terminar con la relación, no fuera que terminara embarazándola, pues era seguro que si seguíamos volveríamos a cojer como esa vez. Una semana antes de terminar la convencí de que me mamara la verga, ya que nunca había accedido, y termine soltándole el semen en sus tetas, mientras le arrancaba un orgasmo con mis dedos. Luego vino la ruptura y ella lloro amargamente, pues acababa de perder la verga que la había estrenado, pero ya vendrían otras después.


 
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