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Esa maravillosa mujer
A la caída de la tarde del viernes pase a recogerte por tu casa y pusimos rumbo a la costa. Era la primera vez que íbamos a pasar unos días juntos y habíamos elegido, para la ocasión, un tranquilo hotel a las afueras de un apacible pueblo de pescadores. Durante las tres horas que duro el viaje charlamos, nos reímos y nos conocimos mejor. Dejando bien claro que no existía ningún compromiso y que solo sería nuestro deseo el que nos llevaría mas adelante.
El hotel, de tres plantas, una verdadera preciosidad, estaba construido sobre una pequeña loma frente al mar. La habitación, con una inmensa cama en el centro, tenia una decoración muy agradable y desde la terraza se abría una impresionante vista al mar.
Deshicimos el poco equipaje que llevábamos y salimos a la terraza. Apoyados en la barandilla contemplamos el mar y un cielo tachonado de estrellas, sobre el que lucia una luminosa luna.
Nos miramos fijamente y antes de darnos cuenta estábamos fundidos en un apasionado beso que nos hizo vibrar de deseo. Sin embargo, tras aquel maravilloso adelanto, decidimos salir a cenar.
Entramos en un pequeño restaurante, acomodándonos, el uno frente al otro, en una apartada mesa. El beso nos había sentado muy bien y durante la cena no paramos de acariciarnos con la mirada. Tu llevabas un vestido escotado que, según la postura que adoptaras, dejaba a la vista parte del encaje de tu blanco sujetador y el inicio de unos senos que se prometían maravillosos. Sobre la tela se marcaban tus turgentes pezones, lo que me tenía muy excitado.
Cenamos algo de marisco y pescado, lo típico de la zona, acompañándolo con una botella de vino de la región. Después de una corta sobremesa en la que nos tomamos un café, regresamos a la habitación.
Pedimos de beber al servicio de habitaciones y con una copa en la mano nos sentamos en la terraza a sentir la serenidad del mar y el sosiego del silencio roto, solamente, por el rumor de las olas.
Yo te cogí de la mano y tras besártela busque tu boca, que tu me cediste entre abierta. Nos besamos profundamente, lo dejamos nos miramos a los ojos y volvimos a besarnos con mas pasión.
Tu le diste un trago a tu copa y tras dejarla sobre la mesa te levantaste, regresando diez minutos mas tarde con el camisón blanco transparente. De cintura para arriba ibas al descubierto dejando a la vista unos maravillosos senos coronados por una difuminada aureola y unos turgentes pezones que se marcaban impetuosamente sobre la tela. La parte de abajo la llevabas cubierta con la braga de encaje blanco que además de dejar a la vista tu primoroso ombligo dejaba traslucir tu bien dibujado bello pubico sobre tu pronunciado pubis.
Sonreíste, quizá por que no pude disimular la sorpresa y excitación que me produjo verte así, y tras posar fugazmente tus labios sobre los míos, momento en el que pude notar tu delicado perfume, te volviste a sentar.
Te mire apasionadamente a los ojos y tu me alargaste la mano, invitándome a que te conociera íntimamente. Me incorpore y tras arrodillarme frente a ti avance mi boca entre abierta en busca de la tuya, unidos en profundo beso en el que no parábamos de entrelazar nuestras lenguas, busque con mis manos tus pechos los cuales comencé a sobar delicadamente. Tu echaste la cabeza hacia atrás y con tus manos llevaste mi cabeza hacia tus senos los cuales comencé a besar pasando la lengua a lo largo de tu marcada hendidura para luego llevarla a tus deliciosos pezones de los que comencé a absorber con verdadero deleite
Cuando tu respiración comenzó a acelerase deje tus senos y comencé a recorrer con mi boca el resto de tu cuerpo, hundí la lengua en tu ombligo y luego pose los labios sobre la braga sintiendo en ellos el bello de tu pubis, el cual bese repetidas veces.
Seguí recorriendo con mi boca tus muslos y tras besarte uno a uno los lunares de tus piernas, regrese al bulto que se te formaba en la braga devorándotelo con verdadero deleite y pensando que, en breve, me lo iba a llevar a la boca sin barreras. Te aparte la braga y comencé a pasarte la lengua por la ingle para luego dirigirla hacia tu sedoso bello en busca de tu hendidura mordiéndote muy suavemente en tus henchidos labios vaginales. Luego metí los dedos entorno a braga y te desembarace de ella, era la primera vez que te veía desnuda y pasee mi mirada por tu cuerpo lenta y descaradamente. Luego me incline muy despacio, hacia tu sexo y tras separarte los sonrosados labios con los dedos posé mi boca en su interior, tú diste un respingo y tras dejar escapar un profundo suspiro me sujetaste de la cabeza al tiempo que empujabas hacia delante tus redondeadas caderas, lo que multiplico mi frenesí. Mientras te exploraba con mi lengua, hasta el ultimo rincón, lleve las manos hasta tus nalgas y comencé sobártelas para luego empujarlas hacia mí y llenarme la boca, aun más, con tu sexo. Te introduje varias veces la lengua en la vagina, tan profundo como pude, para luego comenzar a pasártela por tu perceptible clítoris, el cual chupaba, engullía y frotaba con autentico delirio.
Mientras que con voz entrecortada me decías que no me detuviera comenzaste a sobarte los pechos apasionadamente estirándote, de tanto en tanto, de tus turgentes pezones. De repente comenzaste a temblar y una oleada de calor llegó a mi boca inundándose de tus jugos, entonces clave la lengua en tu vagina sin descuidar tu clítoris, que no dejaba de frotar con mi dedo pulgar. De repente dejaste de temblar, y al tiempo que exhalabas un profundo gemido, una catarata de tu néctar salió de tu vagina que al llenar completamente mi boca resbalo a lo largo de tus muslos.
Me miraste con una sonrisa satisfecha, y con el rostro transpirando sexualidad me dijiste que me incorporara. Tras recorrer varias veces con tu mano el contorno de mi abultadísima verga, me bajaste el pantalón liberándola de la tremenda presión a la que estaba sometida.
Me la cogiste entre tus manos, mas gorda y dura que nunca, y sabandomela pausadamente, desde la cabeza hasta la base te la introdujiste en la boca, después de pasar los labios varias veces a lo largo de ella y pasártela de un carrillo a otro te la sacaste comenzando a besar su cabeza rojiza y brillante. Después y mientras me administrabas un fenomenal masaje en los testículos te la volviste a meter en la boca profundamente, administrándome una soberbia mamada.
Estaba caliente desde que te habías subido al coche y después de lo ocurrido mi verga no pudo aguantar más, comenzando a palpitar, tu, muy sabiamente, comenzantes a sobarme por la hendidura de las nalgas hasta dar con el ano donde te entretuviste pasando el dedo con fricción. Aquello fue definitivo y ya a punto de correrme te pedí las tetas para hacerlo, te la sacaste de la boca, la llevaste a tus pechos y tras ponerla en tu hendidura te los sobastes ardorosamente. Unos instantes después una oleada de calor inundó mi verga desde la base hasta la cabeza momento en el que tu me la presionaste suavemente al tiempo que me dabas un fogoso masaje en los testículos, unas décimas de segundo mas tarde aliviaste la presión saltando un enorme chorro de leche parte del cual llego a tus mejillas derramándose el resto a lo largo de tus relajados senos.
Seguíamos muy calientes y sin mediar palabra nos fuimos a la cama, tu ya ibas sin ropa interior por lo que pude admirar, por primera vez, tu espléndido trasero lo que aumento, aun más, mi excitación. Me imaginaba con que placer te restregaría mi verga por tus muslos, por la hendidura de las nalgas y por el circulito del ano.
Nos tumbamos en la cama y nos besamos profundamente. Metí mi lengua en tu boca sintiendo la tuya caliente, sentí tus dientes y tu paladar, bese tus ojos y lamí tus párpados mientras mis manos recorrían tu cuerpo acariciando tus muslos y tu vientre. Pase mi mano por tu marcado pubis y tras entretenerme con el bello introduje mis dedos en tu interior.
Te mordisque en los lóbulos de las orejas y después de besarte en el cuello, seguí por tus clavículas y tu pecho hasta llegar a tus senos, recorriéndolos con mis labios y mi lengua centímetro a centímetro parándome, de tanto en tanto, en tus sobresalientes pezones, duros como garbanzos, de los que absorbía con enorme deleite.
Seguí bajando y después de enroscar mi lengua en tu ombligo y gozar de él durante un buen rato, llegue a tu vientre y a tu pubis, abriéndome paso con la lengua entre tu bello hasta clavarla en tu fascinante sexo. Mientras tanto tu me administrabas un febril masaje en la verga el cual me provocaba una erección casi dolorosa, de tanto en tanto, me pasabas la palma de la mano sobre la sonrosada cabeza lo que me transportaba mas allá del placer.
Después de llegar con mi lengua a lo más recóndito de tu sexo busque el clítoris y comencé a pasar y enroscar mi lengua en él, al rato y como si hubiera cobrado vida propia emergió por completo vibrante, entonces pase mis piernas a ambos lados de tu cintura y comencé a lamerlo. Tu, me cogiste de la verga y comenzaste a restregarla por tus senos y tus pezones para luego pasártela por la cara y las mejillas hasta introducírtela en la boca engulléndola, una y otra vez, aplicándome, al mismo tiempo, un concienzudo masaje en el culo.
Yo había seguido con mi lengua la línea de tu sexo hasta llegar al ano del que disfrute durante un largo rato. Tus jugos lo tenían totalmente lubricado y te introduje suavemente mi dedo índice mientras que con mi lengua exploraba los alrededores.
Luego y aun con el dedo introducido allí, regrese con mi lengua a tu enardecido clítoris, pasándola una y otra vez hasta sentir como mi boca se inundaba de tu espesa y maravillosa secreción a la vez que exhalabas un profundo suspiro.
Soñaba con chapotear mi verga en los jugos de tu sexo y te pedí que me dejaras penetrarte, diciéndome que te lo hiciera desde atrás.
A continuación te pusiste de rodillas sobre la cama ofreciéndome tu sonrosado y brillante sexo, en ese momento me hubiera gustado poder abrirte las piernas y meterme entero. Sin embargo, me contente con introducirte mi verga que al contacto con tu vagina engordo brutalmente.
Te agarre de los senos y comencé a mover mis caderas lentamente disfrutando hasta la saciedad de cada milímetro de ti, de tanto en tanto dejaba resbalar mis manos hasta tus duros pezones los cuales estiraba suavemente. Poco a poco fuimos aumentando el ritmo y tras agarrarte de tus torneadas caderas follamos como si nos fuera la vida en ello.
De repente sentí como si me vaciara por dentro, sintiendo como una oleada de calor inundaba mi sexo y tras soltar suspiro ronco de alivio, broto, como un disparo, un chorro de esperma caliente, que inundo tu ardiente vagina. Yo seguí bombeándote y al cabo de unos instantes exhalaste un brutal gemido y tus jugos se mezclaron con los míos. Cuando saque mi verga, aun tiesa, unas cálidas gotas de esperma mezclada con tu néctar comenzaron a resbalar por tus muslos.
Te diste la vuelta y tras mirarme con una sonrisa de satisfacción me pediste que te besara. Lo hice y tras pasar mi brazo por tus pechos dormimos placidamente hasta el día siguiente.
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