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Nuestra primera vez
Sólo teníamos 18 años en nuestra primera vez… Ella era amiga mía desde hacía varios años, nos contábamos todo. Yo me había fijado en ella, me gustaba mucho… pero ella nunca se había fijado en mí… hasta ese día.
Era alta, guapa, delgada, sus pechos eran firmes, su culo quitaba el hipo… en fin, era una chica insinuante.
Hacía pocas semanas que había dejado a su novio, y aún era pronto para confesarla mis sentimientos, yo quería que fuese especial pero esperaba el rechazo, semanas después no pude más y se lo dije, pareció no esperarlo, pero la tarde siguiente a eso de las cuatro me llegó un mensaje de texto al teléfono, decía así, cito textualmente: “Ven a mi casa, tenemos que hablar”. No era problema el ir a su casa ya que vivíamos en el campo y estaba a pocos minutos andando. Llegué y me di cuenta de que sus padres se habían marchado, ya que no vi ninguno de los coches en la puerta. Su casa era una planta baja en una parcela cuya puerta estaba siempre abierta. Abría la puerta de la parcela y llamé a la de la casa. De pronto noté como se abría poco a poco, lentamente; un escalofrío recorrió mi cuerpo al verla, estaba allí, delante de mí, con un simple camisón… me quedé boquiabierto delante de la puerta y ella misma tuvo que tirar de mí hacia dentro. Una vez dentro me condujo a la habitación de sus padres, con una amplia cama de matrimonio.
Cuando pude reaccionar entablamos una conversación:
- ¿Y tus padres? – pregunté por sacar algún tema
- Se han ido de viaje y volvería tarde - contesto ella con una leve sonrisa.
- ¿De qué tenías que hablar conmigo? – pregunté.
- Verás, es que, hace un rato estaba pensando en ti y me ha entrado una sensación muy extraña y he comenzado a tocarme. Pero quería que vinieses para que siguieses tú – dijo ella poniéndose colorada y con tono de picardía.
Entonces se levantó de la cama de sus padres y se quitó el camisón, quedando a la vista un sujetador negro semitransparente y un tanga de hilo también negro y semitransparente. Esto me puso muy cachondo, y no me lo pensé dos veces, me acerqué a ella y comencé a besarla, la besé apasionadamente durante largo rato; mi miembro, que a cada segundo que pasaba se iba hinchando más y más ya no cabía en los ajustados vaqueros, y ella lo notó y comenzó a desabrocharme los pantalones, me quitó la única camiseta que yo llevaba y luego me bajó los pantalones quedándose de rodillas en el suelo, comenzó a besar y a tocar mi miembro por encima del calzoncillo ajustado que yo llevaba, hasta que por fin me bajó los calzoncillos, primero fueron lamentotes hasta que al final se la metió toda en su boca y me la chupó hasta que la corté, la puse de pie y la tumbé en la cama, la quité el sujetador, chupé sus pezones y apreté sus pechos, poco a poco fui bajando con la lengua desde los pezones hasta el ombligo donde jugueteé con su piercing, seguí bajando hasta llegar al tanga, donde la besitos por fuera y luego lo bajé despacito, como si tuviésemos toda la vida por delante, no teníamos prisa, era nuestra primera vez; cuando terminé de bajar el tanga la miré y me acerqué a su boca para besarla, volvía a bajar lentamente, tocándola suavemente, disfrutando el momento, le di unos pequeños lametones en su rajita, la miré a la cara y le pregunté si estaba preparada, a lo que me contestó que sí, yo tenía miedo, ¿y si no la gustaba?, subí sus piernas, agarré mi miembro e introduje la cabecita, ella gimió, me miró y me dijo que a que esperaba para meterla toda, me agarré a sus caderas y apreté con todas mis fuerzas, nuestros gemidos se unieron en uno sólo… a raíz de esto comencé con un ritmo suave que fui apretando cada vez más, hasta que llegamos los dos al orgasmo, juntos, nuestros cuerpos eran uno sólo y no cambiaría ese momento por nada del mundo. Saqué mi miembro y ella se abalanzó sobre él para limpiármelo con la lengua. Nos quedamos un rato más en la cama, tumbados, desnudos, mirándonos el uno al otro, no queríamos que esa tarde acabara nunca.
Nos dimos una ducha los dos juntos, jugando el uno con el otro… al poco rato llamaron sus padres y dijeron que hasta el día siguiente no vendrían. Así que nos fuimos a la piscina, nos desnudamos e hicimos de ese día el más bonito que jamás hayamos vivido.
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