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Autor: Juanpi
 

Vencedores vencidos

Un sábado austero; común. Los chicos en la casa de los abuelos y Verónica y yo disfrutando de la paz de la casa, de una película en televisión y de un helado en la cama.
Luego de la película el plan consistía en tener un poco de sexo y jugar con nuestra ultima adquisición; un vibrador de siliconas muy maniobrable que habíamos comprado varias semanas atrás cuando fuimos a un hotel alojamiento.
Todo transcurría normalmente hasta que sonó el timbre de calle. Verónica y yo nos miramos en un silencio cómplice. Nuestras miradas hablaban solas; ninguno esperaba a nadie. Nos quedamos así; esperando que el visitante desista y se vaya pero nuestras esperanzas eran pobres pues habían muchas señales que decían que nosotros estábamos dentro. Luces encendidas, el auto en la puerta, los destellos del televisor reflejados en las paredes y la llave puesta del lado de adentro. El timbre insistió y tuve que abrir la puerta.
Era Lucas.
Para describir a Lucas necesitaría toda una tarde pero intentaré resumirlo así: Lucas casi nunca esta sobrio, tiene un ligero parecido a Benny Hill, pero con treinta y cinco años y lleva una vida de nómade desde que lo conozco (hace más de quince). Lucas puede caer en la casa de uno cualquier dia de la semana a cualquier hora sin previo aviso y sin invitación; siempre cae con algo para beber y cuenta con una simpatía muy difícil de superar. Es, en trazos generales un buen tipo, agradable en el trato y un poco cargoso cuando bebe demasiado. Lucas es como un primo suelto.
Trae dos botellas de vino tinto consigo y lo invito a pasar no sin advertirle que después del vino iba a tener que irse, ya que teníamos planes de estar solos con Vero. Le pareció buena idea y se acomodó en la mesa, frente a las botellas, mientras yo buscaba unas copas y Verónica se acercaba a la cocina.
Verónica llevaba puesto un camisón de algodón blanco, liso, con breteles finitos y largo hasta las rodillas; nada especial, nada extremadamente sexy salvo por la forma que se adhería a sus pezones dibujando su contorno en la tela. Verónica tiene las tetas más bien pequeñas pero sus pezones se llevan todos los premios y el poco peso de ellas hace que las tenga siempre paradas. Por otro lado, Verónica siempre tuvo buenas piernas y un hermoso culo en forma de pera. A mi, particularmente, ese camisón me calentaba sobremanera y, por lo que pude observar después de la segunda copa, a Lucas también. Fue en ese instante cuando pensé en cambiar de planes.
Con Vero ya habíamos tenido una experiencia de un trío con otro hombre la noche de su último cumpleaños. Fue una experiencia que ya relaté y que había acontecido con mi hermano. Después de eso no volvimos a hacerlo de nuevo. No porque no nos haya gustado; todo lo contrario, sino porque no se nos había vuelto a presentar una situación parecida y no queríamos forzar nada armado con ningún extraño. Sabíamos que si otra situación así se daba de nuevo la íbamos a aprovechar con gusto. Y eso era lo que estaba por suceder.
Así que esperé a que Lucas se levantara para ir a baño y le propuse a Verónica cambiar por esa noche el vibrador de silicona por la pija de Lucas. No estaba muy convencida. En primer lugar argumentó que Lucas no era mucho de su gusto; que le caía muy bien y que sentía un gran efecto por él pero que físicamente no le atraía demasiado; más bien nada. Y en segundo lugar me mencionó que temía por la reacción de él, ya que Lucas es un tipo muy simple y muy convencional, y que fácilmente se podía sentir incómodo y hasta ofendido, y sin dudas asustado. Y que tal vez la propuesta cambiara su actitud para con ella.
Le respondí que de lo segundo me ocupaba yo. Que eso era fácil de resolver pero que frente a lo primero no podía hacer nada al respecto. No iba a insistirle ni presionarla pero le comente que una vez, hace un par de años, había visto a Lucas salir de la ducha y que después de ver lo que llevaba entre las piernas necesité dos meses de terapia para superarlo. Acompañé este comentario con un gesto de manos que le hizo abrir los ojos, vaciar su copa de un solo sorbo y decirme "Vendáme los ojos y sométanme" "Cojanme mucho y tan fuerte hasta desmayarme y llénenme toda de leche" Inmediatamente se me puso la pija como una piedra, y en lo que duró la noche la tuve todo el tiempo así. "Bueno, terminamos los vinos y andáte a dormir o hacéte la dormida por un rato; yo me encargo del resto."
Lucas volvió del baño y destapamos la segunda botella, brindamos y bebimos las copas; al servir la segunda, Vero se excusó y se levantó para ir al baño. Aproveché la oportunidad para empezar a provocar a Lucas muy ligeramente contándole todas las cosas que pensaba hacer con Vero cuando él se fuera. Rápidamente le mostré el vibrador que nos habíamos comprado y le conté cómo le gustaba a Verónica que se lo metiera en el culo mientras la cojía y cómo me gustaba a mi metérselo en la concha mientras ella me la chupaba. "Me encanta verla cuando goza" le dije.
Ahí Lucas quedó medio loco. Ya estaba bastante borrachín y con eso creo que le crucé un par de cables en la cabeza pero la frutilla del postre la puso Vero cuando volvió del baño. Las mujeres son increíbles a la hora de seducir; tienen una luz diferente. Dos detalles sutiles como mojarse el pelo un poco y dibujarse, apenas, los ojos con un lápiz y los labios con su pincel, y uno ya no puede pensar en otra cosa.
Verónica sirvió las últimas copas de vino y cuando alcanzó la suya a Lucas se inclinó un poco más sobre la mesa dejándole ver la punta de sus tetas bajo el escote del camisón. Lucas no pudo evitar clavar sus ojos en ellas y Vero volvió a repetir ese movimiento frente a él levantando un encendedor que había dejado caer al suelo a propósito. Lucas ya estaba encendido; encendido e incómodo. Verónica hizo un último movimiento más; el tiro de gracia. Se puso a bajar las persianas y acomodar un par de objetos sueltos en la sala mientras conversábamos y se agacho para recoger otro objeto caído en el suelo. Tanto Lucas como yo pudimos notar que no llevaba bombacha; una parte de su concha pudo verse en ese movimiento de dos segundos y, hecho esto se despidió de nosotros diciendo que el vino le haba dado mucho sueño y que se iba a dormir. Lucas se levantó de la silla y dijo que ya se iba, que nosotros teníamos planes para esa noche y que no los quería estropear. Verónica le dijo que no se hiciera problemas por eso, que igual estaba un poco cansada y que yo no me iba a ir a ningún lado. Saludó y se fue a la cama.
Lucas intentó disculparse conmigo por alterar mis planes pero lo despreocupé diciéndole que no había cosa que me gustara más que abusar de Vero cuando esta dormida. Le dije que cuando bebe un poco de vino entra en un sueño tan profundo que me permite hacer un montón de cosas con su cuerpo sin que se entere, y que cuando despierta la tengo tan caliente que se deja hacer lo que yo quiera sin la menor resistencia.
Esto lo dejó un poco más tranquilo aunque todavía estaba un poco inquieto por los últimos movimientos de Vero antes de ir a acostarse. Insistió con irse en un rato pero lo retuve con una tercera botella de vino que saque de la alacena "Esta es para nosotros" le dije mientras la abría. Lucas nunca dice no a una botella de vino. Mientras bebíamos la primer copa retomé el tema de lo que iba a hacerle a Vero; él me escuchaba excitado. Le dije que guardaría un poco de vino para volcárselo sobre la concha y beber de ella y que le vendaría los ojos para hacerlo más interesante. Le conté que esas cosas a Vero le gustaban y que a veces le gustaba que la sometiera atándola a la cama. Después de la segunda tercera copa le dije "Vení que te muestro"
Se levanto inquieto de su silla, estaba impaciente por ver a Vero desnuda y, al mismo tiempo, incómodo e inseguro pero su instinto fue más fuerte.
Entramos al dormitorio y encendí el velador de la mesa de luz. El cuerpo de Vero quedó iluminado por esa luz tenue pero para apaciguarla un poco más me saqué la remera y cubrí parte de la lámpara; así el ambiente se hizo un poco más íntimo.
Lentamente deslicé el camisón de mi mujer hasta dejar su sexo al descubierto. Verónica dormía profundamente, eso hizo las cosas mucho más fáciles ya que Lucas pudo sentirse un poco mas seguro. Comencé a acariciarla entre los muslos, y las piernas de Vero cedieron al estímulo. Sin hacer mucha fuerza pude separárselas un poco y los labios de su concha se abrieron dejando ver su clítoris. Comencé a masajeárselo muy suavemente y a jugar con mis dedos en ella. Lucas miraba como encantado. Le dije que se acercara un poco más y que mirara bien. Metí mi dedo índice en la profundidad de Verónica y repetí el movimiento, lentamente, varias veces. "Vení" "Tocála"le dije. "Total no se va a dar cuenta" Lucas acercó su mano tímidamente y yo se la puse sobre la concha de mi mujer. "Masajeala suave" le indique mientras sacaba un pañuelo del cajón y le vendaba los ojos a Verónica. Ella seguía en sus sueños.
Ya con los ojos vendados abrí sus piernas un poco más. Lucas estaba reclinado frente a ella hurgando con sus dedos como yo lo estaba haciendo antes mientras mis manos empezaron a rozar los pezones de Vero sobre la tela de su camisón hasta que en un instante Vero hizo un movimiento repentino dando media vuelta y quedando sobre un costado. Lucas salto hasta quedar casi debajo de la cama y yo espere a que ella se acomodara a su gusto. En ese momento noté que ya estaba despierta. Su respiración cambio de ritmo y, al tocarla noté que la humedad de sus sexo se había hecho mucho más intensa.
Ahora era su culo lo que había quedado el descubierto. Sus nalgas redondas y tensas estaban listas para ser manoseadas y abusadas por nosotros. Anime a Lucas a que se incorporara y que se saque la ropa. "Vamos a cojerla" le dije "Ya no aguanto más"
Lucas se desvistió dubitativo, le dije que no se preocupara, que conmigo estaba todo bien y que Vero no se daría casi cuenta y que en el peor de los casos yo manejaría la situación. El no estaba muy convencido del discurso pero su calentura era mucho más fuerte que cualquier otro argumento.
Le había mentido a Verónica cuando le dije que había visto a Lucas desnudo pero debo decir que lo que tenia entre las piernas realmente daba miedo. Me alegre por Vero.
Una vez desnudos empecé a lamer el culo de Verónica y a separarle las nalgas con los dedos hasta que verdaderamente no pude mas y le metí mi pija, muy lentamente por la entrada de sus concha. Ella gimió e hizo un movimiento de respuesta. La volqué hasta dejarla boca abajo y seguí penetrándola un rato más. Lucas miraba. Le ofrecí mi lugar y deje que se posara sobre ella. Vi como se abría paso entre las nalgas de ella con su gran pija y como se perdía entre la cavidad de su concha. Verónica volvió a gemir. Lucas, muy lentamente, le metió toda su verga dentro y la empezó a cojer con mucha delicadeza. Ella acompañaba sus movimientos y yo miraba maravillado la escena. Verónica es doblemente hermosa cojiendo. Nos fuimos turnando y poniendo a Vero en varias posiciones. Siempre despacio y siempre cuidando de no "despertarla"
Después empezamos a hacer el mismo juego con su boca. Primero con mi pija y luego con la de Lucas. La diferencia de tamaños era notable; la boca de Vero se abría mucho más a cada entrada de Lucas, entonces Vero empezó a balbucear cosas como “Dame más pija, mi amor” o “Llenáme la boca de leche sin asco”. Eso me puso a mil, y a Lucas le puso la verga diez veces más dura.
La tome de los brazos hasta sentarla en la cama y nos paramos frente a su cara. Seguimos haciéndonos chupar la pija por vero un rato más. La verdad es que estaba delicioso. Lucas y yo pusimos nuestras carnes prácticamente una junto a la otra y, apenas uno desocupaba la boca de Verónica el otro le guardaba la suya adentro. “¿Estas solo?” Preguntó Vero con una voz entre alarmada y borracha. Quiso levantar las manos como para empujarnos o reconocer nuestros cuerpos, pero no la dejamos. Ella intentó un forcejeo débil, como queriendo resistirse, pero casi sin fuerza. Rápidamente le tome los brazos y volví a tumbarla sobre la cama, puse mis rodillas sobre sus brazos abiertos y, casi sentado sobre su pecho, le metí mi verga en la boca. Lucas no tardó en reaccionar, en arrodillarse en el suelo, separarle las rodillas con las manos y enterrarle, de un solo golpe, todo ese pedazo de pija que llevaba consigo. Verónica gritó, aún con mi pija entre sus muelas. “Estoy solo. Tengo dos pijas” le dije al tiempo que empecè a empujar mas fuerte mi pelvis contra su cara fornicándole la boca sin dejarla casi respirar. Quiso resistirse. Su cuerpo se contrajo y sus puños se cerraron con fuerza. Lucas le sacudía duro y parejo y yo tampoco le daba tregua. Casi al mismo tiempo mi leche y la de Lucas llenaron las ansias y los agujeros de Vero. Los ojos se le llenaron de lágrimas y se ahogo con el orgasmo y con mi leche en la garganta. Cuando la soltamos quedó temblando y respirando agitada chorreando nuestro líquido blanco. Todavía conservaba el pañuelo sobre los ojos. Lucas y yo nos miramos y la miramos de nuevo. “¿Estás con Lucas?” preguntó Verónica. “No. No es Lucas”, le dije. “Lucas se fue hace rato”. “¿Quien es?” insistió. “Alguien que no conocés” Le respondí y la tome por las muñecas “¿Qué me van a hacer? No me lastimen”, dijo y sacudió un poco las piernas. Lucas la tomó por los tobillos y la dimos vuelta dejándola boca abajo. Lucas le separó las nalgas y empezó a comerle el culo con hambre. Las manos de Verónica se aferraron contra el colchón y yo me fui acomodando para pedirle el lugar a mi amigo y empezar a empujarle el ano con la punta de mi pija hasta hacerlo ceder lo suficiente. Verónica acompañaba mi fuerza empujando su cadera contra mi y Lucas no tardo en recostarse frente a la cara de mi mujer y meterle el tronco en la boca de nuevo. Volvimos a llenarla de leche y dejarla agitada y temblorosa sobre la sábanas, pero lo mejor vino después, cuando nos recostamos contra su cuerpo, uno a cada lado, y la giramos poniéndola sobre un costado. Yo, frente a ella, puse una de sus piernas sobre mi cadera y agarrándola por las nalgas le clave mi pija en la concha, Lucas fue arrimando su cosa por detrás y, mientras yo le abría bien el culo a Verónica, él le iba penetrando el ano lento pero con fuerza. Hasta que los dos la teníamos totalmente clavada en ella, que no paraba de gemir, jadear y moverse y contraerse totalmente extasiada. Nuestros primeros movimientos fueron torpes y hasta dolorosos pero después de un rato encontramos un ritmo que nos fue sentado bien a los tres. Verónica se movía lentamente en círculos y contoneándose y Lucas y yo íbamos turnado nuestras pijas para ir entrando y saliendo de ella en tiempos distintos, luego nos fuimos acelerando y los dos se la metíamos y sacábamos juntos haciéndola gritar y acabar dos veces antes que nosotros podamos volver a llenarla de leche de nuevo.
Después de eso Verónica quedo rendida. Sus jadeos y temblores fueron cesando hasta convertirse en una respiración pausada y profunda como su sueño. Lucas y yo quedamos en silencio por un rato. Nos paramos y comenzamos a vestirnos. Cuando estábamos por cruzar la puerta mariana tosió, dejó salir un largo suspiro y continuó durmiendo, totalmente extendida sobre la cama y boca abajo, con una pierna estirada y la otra flexionada. Lucas me miró y con un ademán de mano se la señalé. Lucas se abrio el cierre del pantalón, desenfundó su enorme miembro y se recostó sobre mi mujer. No sé por donde se la metió, pero fue una embestida violenta. Una cojida de casi diez minutos de bomba. Los gemidos de Verónica no se escuchaban porque la vi morder la almohada. Lucas dio sus últimas envestidas con fuerza hasta sacársela y dejarla casi retorciéndose en la cama. Acompañe a Lucas hasta la puerta, lo despedí y volví a mi dormitorio. Verónica todavía seguía latiendo y tratando de recuperar su respiración normal. No la dejé. Acomodé nuevamente el pañuelo sobre sus ojos, la puse boca arriba, le separé la piernas y le enterré mi pija mas dura que nunca. Sus manos se agarraron de mi cuello y sus piernas enlazaron mi cintura. Me la cojí hasta acabar en ella y quedarme así, casi muerto sobre el suyo totalmente vencido.

 
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