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El bodegon maldito
Tres calientes hermanas unidas por el deseo de amarse...
...sentia que el cuerpo de Paulina se deslizaba sobre el mio en el ambiente oloroso a mujer bajo mis sabanas como una serpiente erotica que exploraba todos mis rincones con una avidez diabolica. Estabamos las dos desnudas en medio de la noche y yo nunca habia estado con una mujer y a pesar que la calentura nos embriagaba por completo no era menos el impacto que me producia el estar rompiendo todos los canones conocidos. El cuerpo caliente de mi hermana me tenia enloquecida tanto como el mio parecia enloquecerla a ella. Habiamos hablado durante casi una hora antes de desnudarnos y meternos en la cama y ahora, en que ya no teniamos retorno,
yo queria disfrutarla y que me disfrutara sin negarnos nada. Me di cuenta por primera vez, que el cuerpo de otra mujer es una fuente casi infinita de sensaciones enloquecedoras y sentir como ella se deslizaba entre mis muslos buscando el liquido calor de mi sexo me llenaba de orgasmos repetidos. Era yo quien la habia inducido a esta relacion lesbica exploradora y era ella quien respondia separando sus muslos para que yo
pudiera recorrerla embriagada de una calentura soberbia. Ahora me daba
cuenta que nada hay como la suavidad de los muslos de una mujer
ofreciendose al recorrido de la lengua de otra mujer sobre todo si esa
otra mujer es su hermana. Yo estaba feliz de haber provocado este ambiente
tan solo por querer compartir con ella lo que habia descubierto en el
Bodegon Maldito El viejo Bodegon de nuestra casa de campo era un lugar que
habia estado siempre rodeado de cierta aura de misterio y a veces hasta de
temor. Se decia que un bisabuelo nuestro habia sido encontrado muerto alli
y aunque nadie consideraba autentica la afirmacion la verdad era que
generalmente evitabamos entrar, de modo que cuando me vi obligada a
hacerlo, no pude evitar un cierto cosquilleo en la espalda, porque ya casi
oscurecia, pero mi deseo compulsivo por averiguar que podia buscar alli mi
hermana Zenaida, me llenaba de curiosidad malsana y atrevida.
Nuestra hermana Zenaida era diez anos mayor que nosotras. Tenia 30 anos y
mi hermana Paulina y yo, que somos mellizas, habiamos cumplido recien 20
anos.
Nos diferenciabamos notablemente por el caracter. Paulina y yo eramos
traviesas, alegres, despreocupadas y habladoras nos gustaban los
muchachos, normalmente compartimos con ellos y hasta habiamos tenido ya
experiencias sexuales. Siempre estabamos haciendo bromas. Zenaida en
cambio era seria, adusta, no disfrutaba de nuestras bromas, siempre estaba
leyendo o haciendo cosas importantes, no se le habia conocido pretendiente
alguno a pesar de ser una mujer hermosa casi exuberante y seguramente
virgen. Esa tarde espere que se iniciara la noche y me introduje
subrepticiamente en el viejo bodegon. Habia visto hacer eso a Zenaida la
noche anterior y desde ese momento me invadio una curiosidad mortal que
fue creciendo cada momento del dia hasta hacerse insoportable, de modo que
cuando empuje el pesado porton para dejarme pasar, me di cuenta que estaba
tiritando de frio a pesar que era una noche calurosa. En el bodegon se
percibia un olor a encierro y a polvo pero sin mayores analisis me oculte
adecuadamente tras un viejo armario. No pasaron cinco minutos cuando el
porton volvio a abrirse y pude ver nitida la figura de mi hermana mayor
vestida de negro , seguramente para hacerse mas invisible en la semi
oscuridad . Yo estaba anhelante, pero ella nada extraordinario hizo y
luego de unos instantes se dirigio con seguridad hacia un lugar del
bodegon en el cual se podia distinguir claramente la figura de un hombre.
No podia distinguir de quien se trataba. Mi curiosidad se transformo en
excitacion malsana. Estaba yo segura que ese era el primer hombre que
estaba cerca de mi hermana y sin duda que el era el motivo de la visita de
Zenaida al bodegon. De inmediato mi mente comenzo a tejer mil historias
algunas mas ardientes que otras y ya me sentia poseedora de un romantico
secreto y me preparaba para ver los besos encendidos de los amantes
furtivos y nocturnos cuando vi que mi hermana se arrodillaba frente al
hombre como en actitud de suplica. La tenue luz de la luna que filtraba
por un viejo ventanal me permitio ver claramente lo que jamas se me habria
ocurrido contemplar y no podia creerlo. El hombre habia abierto la
bragueta de su pantalon y un miembro erecto duro grueso y de una piel
reluciente apuntaba directamente al rostro de mi hermana que habia abierto
sus hermoso labios para aprisionarlo en su boca besandolo y chapandolo con
verdadero deleite. Zenaida tenia la cabeza cubierta por un velo negro.. El
hombre se movia ritmicamente adelante y atras de modo que su miembro
entraba y salia de la boca de Zenaida con un balanceo tan voluptuoso que
me hacia arder mientras mi hermana parecia acariciar la parte que no
entraba en su boca con delicados movimientos de sus dedos.. A veces sacaba
el diabolico regalo desde su boca y lo cubria de besos desde un extremo
hasta su rosada cabeza y de cuando en cuando pasaba la punta de su lengua
rosada y seguramente ardiente por la gruesa cabeza del mastil a lo que el
hombre parecia responder con movimientos mas insinuantes.
Yo habia leido ardientes descripciones sobre felacion y habiamos con mi
hermana melliza, observado llenas de curiosidad e insipiente deseo,
algunas revistas con fotografias muy explicitas sobre ese acto, pero lo
que estaba contemplando en esa noche era algo que tenia la embriagante
brutalidad de lo real En un momento Zenaida dejo salir su juguete de su
boca y pude apreciar las caracteristicas de su tamano que era para lejos
lo mas grande que habia visto llenandome de una mezcla de temor y deseo.
Zenaida lo masturbaba ahora con verdadero deleite sin dejar de mirar hacia
arriba seguramente pare ver la felicidad en el rostro de su hombre.
Entonces con una de su manos Zenaida levanto su blusa negra hasta su
cuello dejando al descubierto el mas soberbio para de pechos que yo
hubiese visto. Su belleza me deslumbro a tal punto que me senti orgullosa
de que esa mujer fuese mi hermana y una emocion rara y calenturienta me
invadio y fue ahi que pude ver como ella acercaba lentamente el miembro
del hombre hacia su pecho y en un momento que me parecio sublime ella toco
la punta de sus pezones con la cabeza del miembro y una explosion blanca y
espesa estallo en sus pechos como un rio desbordado y promiscuo que se fue
distribuyendo a borbotones por los globos seguramente ardientes de mi
hermana hasta que las ultimas gotas destilaron sobre ellos. Entonces la
mujer como asustada, se puso de pie y acomodandose la ropa parecio querer
huir del lugar sin que su amante la retuviera y a los pocos segundos
desaparecio por el ancho porton apenas abierto.
Yo permaneci inmovil en mi escondite hasta que vi al varon surgir de la
penumbra y abandonar enseguida el Bodegon. Era Gino, una especie de
administrador general del fundo de mis padres. La verdad es que la
identidad del hombre era lo que menos me importaba pues para mi lo
fundamental era el comportamiento insospechado de esa mujer que yo jamas
hubiese imaginado en un despeno de ese tipo.
Debia reconocer que lo que yo habia observado era lejos, muy lejos lo mas
excitante, caliente y erotico que habia experimentado en mi vida y nada ni
en mis recuerdos ni en mis deseos parecia ni cercano a eso. Era tan grande
mi conmocion que todo lo que sentia no cabia en mi y necesitaba con
urgencia compartirlo con mi melliza hermana.
Paulina se encontraba en su cuarto y eran cerca de las once de la noche
cuando yo entre como una tromba y ella se asusto al verme con el pelo
revuelto y los ojos dilatados. Asi igual de dilatados se le pusieron a
ella cuando casi sin poder contenerme y sin interrupcion alguna le conte
todo lo que habia observado en el Bodegon. Su rostro incredulo en un
comienzo se torno asustado y en seguida cuando le narre la escena final
era indudable que esos hermosos ojos verdes reflejaban una excitacion
incontenible. Estuvimos de acuerdo en que no necesitabamos explicaciones
de lo sucedido, lo que en realidad nos embargaba era una especie de
admiracion y de envidia algo prohibida. Era como estar cerca de un pecado
promiscuo y atractivo pero del cual estabamos fuera y eramos simple
observadoras. Estuvimos de acuerdo en que lo que nosotras dos conociamos
del sexo era simplemente una bagatela delante de lo que estaba viviendo
Zenaida.
Paulina me lleno de preguntas acerca de las dimensiones de Gino asi como
de los pechos de Zenaida a la que jamas habiamos visto desnuda y yo le
respondia tan solo con la verdad que no necesitaba adornos y nos fuimos
excitando con las evocaciones y las comparaciones y ya con la puerta del
cuarto con llave, comenzamos besarnos y acariciarnos los pechos y asi
terminamos completamente desnudas en su cama y apagamos todas las luces y
nos dimos a llenarnos de caricias que nunca habiamos imaginado y yo sentia
que el cuerpo de Paulina era un tesoro de sensaciones calientes y fui
perdiendo el sentido y me vi proyectada como si ella fuera Zenaida y yo
fuera el Gino y me monte en ella y pase mi sexo abierto y caliente lleno
de liquido desconocido y ardiente y fui mojando sus pezones de ese liquido
mientras nos agitabamos como dos yeguas locas como las que habiamos visto
en el campo hasta que el amanecer nos encontro mas encendidas que nunca y
con la mente y el cuerpo plenos de deseos incontrolables .
La normalidad que habia en la casa al dia siguiente nos parecio
desconcertante. Paulina y yo estabamos calientes sin remedio. Habiamos
terminado por ducharnos juntas en la manana y nos habiamos entregado a
toda suerte de estimulaciones que nos mantenia encendidas.
Sin embargo Zenaida aparecio como siempre. Con su aire austero y sus ropas
sin gracia ninguna como si fuera imposible adivinar en ella la mujer
promiscua y desaforada que yo habia visto en el Bodegon. A Gino no lo
vimos en todo el dia como si fuese una especie de Vampiro erotico que
solamente apareciera a la caida del sol..- Era como si toda la calentura
de esas caricias nocturnas entre ellos se hubiese trasladado a nuestros
cuerpos que ya casi eran incapaces de contenerlo.
Fue a la hora de la siesta cuando decidimos con Paulina entrar al bodegon
para visitar el lugar de los hechos.
A la luz del dia el local se veia desprovisto de todo encanto siniestro y
en el lugar de los hechos no habia rastro alguno de la candente escena que
yo habia presenciado. Sin embargo el recuerdo operaba en mi un poderoso
estimulo que me hacia anorar la cama de Paulina y nuestras caricias
nocturnas. Se lo dije y entonces fue cuando ella me mostro la prenda en el
suelo. No cabia duda alguna, era el sosten de Zenaida que seguramente no
alcanzo a recoger por su huida de la noche. Como movidas por un resorte
Paulina y yo nos apoderamos de la prenda, la estrujamos en nuestras manos
y comenzamos a besarnos acariciandonos con el sosten como si quisieramos
compartir parte del encanto diabolico que encerraba. Nuestras caricias se
hicieron cada vez mas calientes. Nos buscamos como mujeres locas, y nos
dimos cuenta en ese momento que estabamos deseando a esa mujer
extraordinaria para nosotras y deciamos su nombre en voz baja mientras
nuestras manos se llenaban de nuestras humedades y nuestras lenguas
buscaban por nuestros cuerpos calientes ese lugar quemante y mojado,
origen de nuestros deseos insatisfechos como si alli estuviese la fuente
nunca visitada de Zenaida y no nos importaba nada sino fundirnos en ese
maldito deseo con ella.
A medida que se acercaba la noche de ese dia nuestra ansiedad iba en
aumento porque a pesar que nos invadia una creciente calentura ninguna de
las dos sabia como encausarla.
Ya de noche estabamos instaladas en el Bodegon nerviosas ante la
perspectiva de lo que habria de suceder con nuestra deseada hermana y el
hombre que estabamos seguras habria de poseerla ante nuestros ojos. De esa
posesion nos habiamos hecho mil fantasias pues habria de ser nuestra
oportunidad de observar el desvirgamiento de Zenaida.
La mujer entro en la penumbra y camino sigilosamente al lugar del
encuentro y ahora solamente restaba esperar el arribo del Gino.
Pasaron algunos minutos en que Zenaida parecio inquieta pero no se movia
del lugar del encuentro. Sin embrago el hombre no aparecia. La mujer
parecio no inquietarse, seguramente no era la primera vez que una cita
fallaba, y fue entonces cuando la observamos que comenzo a desnudarse.
Vimos emerger ese cuerpo diabolicamente voluptuoso en la penumbra y nos
dimos cuenta que el cuerpo de esa mujer, que era nuestra hermana, tenia
algo de insinuante, algo de diabolico y algo de perverso. Sus pechos, que
yo habia visto inundados de semen, parecian de una dureza insolente y la
curva de sus caderas parecia invitar a resbalar en el pecado. La mujer se
estaba acariciando sin pudor alguno. Seguramente intentaba calmar su
calentura con sus propias caricias como seguramente lo hacia cada noche.
Se acariciaba las nalgas con franca lascivia de tal modo que al mirarla mi
sexo latia desesperado. Entonces senti la mano de Paulina buscandome entre
los muslos y comence a acariciar su sexo humedo. Ya no podiamos
contenernos. Nos habiamos masturbado hasta el cansancio la noche anterior
evocando el cuerpo de Zenaida y ahora lo teniamos ante nuestros ojos. Fue
facil desnudarnos porque apenas si vestiamos un vestido ligero sobre
nuestra desnudez y fue asi como tomadas de la mano avanzamos en la
penumbra hasta el lugar donde estaba nuestra hermana. Intimamente yo sabia
que ambas estabamos esperando la aparicion del macho desflorador que
habria de satisfacerse con nuestros cuerpos triturandonos con su
instrumento diabolico, haciendonos latir de temor y placer, penetrandonos
sin compasion por todas partes, haciendose dueno de nosotras porque
estabamos seguras que no le negariamos nada y seria la noche de las tres
hermanas entregadas a la pasion infernal. Pero llegamos palpitando de
calentura junto a Zenaida y el macho deseado no aparecio.
Cuando Zenaida nos vio no parecio sorprendida en absoluto, mas bien su
sonrisa nos indicaba que nuestra presencia aumentaba su calentura o a lo
mejor eso era lo que nosotras esperabamos.
Nuestro encuentro, he de admitirlo, ha sido lo mas erotico que he vivido.
Nada puede superar a la sensacion de tres cuerpos de mujer unidas por el
deseo, la lascivia y la permisividad. Todo lo que jamas podriamos haber
sonado antes o despues de ese encuentro se hizo alli realidad. Al comienzo
lamiamos el cuerpo de Zenaida como si trataramos de calmar una sed
infernal que solamente la tersura de su piel de hembra podia aplacar
Mientras yo me sumergia en la fuente de su sexo, Paulina mordia sus
pezones con desesperacion. Zenaida se quejaba por ambos estimulos y nos
acariciaba las nalgas que nosotras le ofreciamos con generosidad. Nuestros
secretos liquidos viajaban desde sus fuentes a nuestras bocas llevadas por
nuestras lenguas pecadoras y nuestras manos se hacian veloces para
recorrer nuestras entradas de mujer. Nunca supimos si Zenaida era virgen
hasta entonces o si esa noche dejo de serlo en la penumbra del Bodegon
Maldito solo se que a medida que avanzaba la noche en la soledad del campo
fuimos perdiendo el sentido de la realidad y ya liberadas de toda
inhibicion nos mostrabamos unas a otras con la impudicia propia de tres
hembras completamente calientes porque las tres sabiamos que jamas
volveriamos a vivir lo que estabamos viviendo.
Nos perseguimos entre los muebles destartalados hasta arrinconarnos en
cualquier divan para hacernos el amor sin recatos y de las formas mas
descabelladas sin importarnos si nos haciamos danos porque hasta el mismo
dolor nos ocasionaba creciente placer y los orgasmos repetidos no nos
ocasionaban cansancio porque parecia que el demonio mismo nos habia
llenado de energia en ese bodegon que hasta ahora llamamos maldito. Una
energia con nombre de deseo que las tres reconocimos en nuestros ojos aun
ahora que diez anos despues hemos vuelto a encontrarnos para la noche de
Ano Nuevo.
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