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Autor: Anónimo
 

La boda de mi tía Aurora

El día que cumplía 18 años, era el día en que se casaba mi tía Aurora. La solterona, como todos la llamábamos, se casó ya bastante mayorcita, 49 años, todos decían que era una boda de conveniencia, supongo que para no pasar la vejez sola. Su marido, un tío bastante mayor que ella, no me caía bien, se iba a llevar a mi tía preferida, la tía con las que me hacía las mejores pajas de mi corta vida, con ella despertó mi apetito sexual, y hasta ese día ella había sido la única mujer en recibir mis corridas, solía pajearme con sus prendas y dejarle mis "regalitos" en ellas, nunca dijo nada, por mucho que hice porque se diera cuenta, y aunque estaba seguro que lo sabía, nunca hubo ni un solo reproche por parte de ella. Aurora es una mujer bajita, rellenita, muslos gorditos, culo respingón, algo de barriguita, unas tetas inmensas, aureolas y pezones grandes, bastante morena de piel, sin marcas de bikinis, pelo largo muy negro y rizado, siempre riendo y de broma con todo el mundo. Yo aun no había conseguido encontrar una chica que se le pareciera y que pudiera ocupar el sitio que le tenía reservado a ella. Pasaba largas temporadas en casa de mis abuelos, sobre todo porque ella hasta ese día vivía con ellos. El día de la boda no quiso que nadie estuviera en la casa, aunque eso no iba conmigo, ya que yo vivía allí, pero nada de invitados merodeando por la casa mientras ella se estuviera vistiendo.
La noche anterior habíamos estado charlando un rato, y notó que yo estaba algo apenado, y aunque me preguntó no quise decirle que no me agradaba que se casara, lo único que me dijo es que no estuviera triste, que ese día iba a ser un día muy feliz para los dos, ella, porque se casaba y yo porque sería mi cumpleaños, y que como todos los años, recibiría por parte de ella el mejor regalo, nunca se había olvidado de él y siempre me sorprendía con el mejor regalo de todos. Aunque me daba que al día siguiente nadie se iba a acordar que era mi cumpleaños.
Como todas las noches, en cuanto se quitaba la ropa y la dejaba en el cuarto de baño y se ponía el camisón para dormir, yo entraba, cogía del biombo de la ropa sucia la braguita que se acababa de quitar, que aun olía a ella, siempre desprendía un muy agradable olor a sexo mezclado con orina que me volvía loco, casi todas las noches me hacía un par de pajas con ella, y la volvía a dejar en su sitio. Esa noche me llevé una sorpresa, había un braguita y un sujetador blancos de encaje, casi transparentes colocados bien a la vista sobre el lavabo, desprendían un agradable olor a perfume mezclado con su olor corporal, la braguita estaba muy mojada, pero no desprendía olor a orina, como todas las noches me hice un par de pajas, soltando mis corridas, una sobre el sujetador y otra sobre la fina tela de la braguita y las volví a dejar como estaban sobre el lavabo. En cuanto salí del cuarto de baño, Aurora estaba fuera, no dijo nada, solo me guiño un ojo con una sonrisa en sus labios y entró en el cuarto de baño, desde la entrada de mi dormitorio pude ver como llevaba en las manos braga y sujetador, movía sus dedos sobre la prenda y se los llevó a la boca. Me pasé toda la noche con la polla dura pensando en que había perdido la oportunidad de echarle quizás el único polvo de mi vida a mi tía.
A la mañana siguiente fuí el primero en levantarme, y al volver de la cocina, Aurora abrió la puerta de su dormitorio, me quedé con la boca abierta, llevaba puesta la braga y el sujetador que dejaba transparentar por completo su poblado monte venus, unas medias blancas hasta medio muslo y una especie de corpiño que apretaba su vientre y que hacía resaltar más aun sus grandes tetas.
.- Que tal me veo, sobrino??
Y giró en redondo dejándome verla completamente, la braguita se metía entre sus redondas nalgas y estas se movían flácidas con sus movimientos, los brazos levantados, marcaban aún más sus tetas.
Me costó pronunciar palabra.
.- Muy bien tita, estas muy buena, digo... te veo muy bien...
Volvió a guiñarme el ojo y volvió a sonreirme de una manera pícara.
Que decir tiene que antes de vestirme tuve que hacerme un par de pajas para conseguir que mi polla bajara su dureza, y aun así no lo conseguí, de solo pensar en mi tía se me ponía dura.
La ceremonía y casi todo el convite los pasé sentado observándola, estaba impresionante, rebosaba alegría y notaba como de vez en cuando me buscaba con la mirada, cuando nuestras miradas se cruzaban me guiñaba el ojo y sonría, eso me ponía nervioso, ella se daba cuenta y reía feliz.
La ceremonía fue muy familiar, no había apenas invitados que no fueran de la familia, al ser el nieto más grande, no había jóvenes de mi edad, tampoco por parte del novio. Cuando ya quedábamos pocos, mi tía se acercó y me dijo que tenía que bailar un baile con ella, no pude ni quise negarme y me ví bailando un agarrado, podía notar como Aurora estaba bastante contenta a causa del alcohol, de pronto se pegó mucho más a mi, podía notar sus grandes tetas pegadas a mi cuerpo, como se movía de manera para que estas se movieran por mi pecho, su bajo vientre se pegó y no tardé en tener una erección, podía notar como apretaba su vientre buscando notar mi polla y yo ya pensando que no tendría otra oportunidad como esa, dejé que la notara en toda su extensión, podía notar como su respiración se agitaba y como se movía buscándola, lo que hacía que se refregara más aun por mi pecho y mi polla. cuando terminó el baile me dió un beso en la mejilla, no fue un beso normal, pude sentir sus labios abrirse y humedecer mi mejilla casi rozando mis labios y con casi un susurro, me dijo...
.- Ya te queda menos para recibir tu regalo de cumpleaños....
De ahí a que la fiesta terminara me pareció una eternidad. Y cual fue mi sorpresa cuando escuché que esa noche la iban a pasar en la casa de los abuelos. Pensaba que se me iba a salir el corazón por la boca, hasta mis abuelos me preguntaron que si me encontraba bien. Teniendo que mentir y decir que me habría pasado con la bebida y que me iba a la casa ya.
Cuando llegué no había nadie, me saqué toda la ropa y me quedé con un pijama comodo y sin nada debajo, mis abuelos fueron los siguientes en llegar y se fueron directamente a la cama, yo estaba viendo la tele, el típico reproche y me dejaron viendo la tele en el salón, mi tía y su marido tardaron casi una hora en llegar, ya casi pensaba que lo que había escuchado no iba a ser cierto, pero llegaron, el marido con una borrachera bastante grande y mi tía con los zapatos en la mano y bastante despeinada, pero seguía impresionante, la seguí con la mirada hasta que se perdieron en el dormitorio no sin antes volverse y guinarme un ojo. Me dolía la polla de lo dura que la tenía, al cabo de un buen rato la puerta del dormitorio se abrió y mi tía desde la puerta haciéndome una seña me llamó, me dirigí hacía allí, mi tía había vuelto a entrar, me quedé en la puerta, su marido roncaba en la cama y ella seguía vestida, la habitación estaba casi en penumbra solo una pequeña luz azul estaba encendida, me hizo pasar y con un susurro me dijo que le desabrochara los botones de su vestido que ella no podía, se levantó el pelo con las manos y se giró dándome la espalda, comencé nervioso a desabrochar los pequeños botoncitos que llenaban todo la parte posterior del vestido, cuando había desabrochado unos cuantos, me dijo que estaba cansada y que me sentara en una especie de butacón que tenía en un rincón, la parte más alejada de la cama, me senté y ella ante mi sorpresa se levantó todo el vestido y se sentó sobre mis muslos, pude sentir el comienzo de su espalda apretando la base de mi dura polla y sus flácidas nalgas sobre mis muslos. con el nerviosismo tardé en soltar todos los botoncitos, una vez hecho sin levantarse de encima mía tiró de él y se lo sacó por la cabeza, me indicó que le soltará el cordón que aprisionaba el corpiño a la vez que echaba el culo hacía mi aprisionando mi polla entre sus nalgas, el corpiño fue más fácil, este no se lo sacó lo dejó suelto en su vientre, se levantó un poco lo suficiente para dejar paso a su mano que buscó con rápidez el filo de mi pijama tirando de él, dejando en libertad mi polla, con la mano tiró de la braguita hacía un lado y con la otra mano buscó la entrada de su mojado coño agarrando mi polla, sentí como se abría los labios y se sentó sobre mi polla, era la primera vez que mi polla entraba en un coño, y era el de mi tía, fue una pasada, podía sentir el calor que desprendía y como en cuestión de segundos mis huevos estaban mojados de una sustancia caliente. Yo no quería ni tocarla, era el sueño tantas veces soñado y me daba miedo que al tocarla fuera a despertar, pero no era así, cuandos se cansó de botar sobre mi polla, dándole igual que su marido se pudiera despertar, cosa que a mi ni siquiera se me había pasado por la cabeza, comenzó a moverse de delante a atrás, de esa manera podía sentir sus nalgas apretarse a mi vientre y como hacía fuerza para meterse todo lo adentro que podía mi polla, podía sentir como había comenzado a gemir levemente, y como sus manos recorrían sus tetas y bajaban hasta agarrar mi polla y tocar su clítorís, cuando me decidí a poner mis manos sobre sus costados rápidamente me las cogió y se las colocó sobre sus grandes tetas, podía sentir debajo de la fina tela sus grandes pezones duros como piedras, ya estaba claro que no era un sueño, busqué el broche del sujetador, ella misma se lo quitó y volví a buscar ahora la piel de esas tetas tantas veces deseadas, le gustaba que apretara sus pezones, y de pronto sentí como se estremecía dejándose caer sobre mi con todo su peso, dejando escapar un gemido más fuerte que los demás. Se quedó un momento así y terminó por levantarse, me llevé la mano a la polla, estaba completamente mojada con su flujo, resbalaba perfectamente y lo raro en mi, para nada tenía ganas de correrme. Pensé que iba a dar por finalizado nuestro encuentro y me levanté detrás de ella, como pude metí mi polla entre sus nalgas apartando la braguita y pasé mis manos por delante volviendo a sobar sus grandes y caídas tetas, volvió a gemir y a refregar sus nalgas, podía sentir la punta de mi polla en la entrada de su culo, se apartó y me indicó con un gesto que me sentara en el suelo, se quitó la braga y quedó frente a mi, sus tetas parecían aun más grandes tan cerca, sus grandes y oscuras aureolas resaltaban en su piel, y que decir de sus grandes pezones, parecían dos botones rajados en el centro, no tardó en colocarse con las piernas a cada lado de mi cuerpo y esta vez de frente a mi, volvío a sentarse sobre mi polla, ahora sus tetas bailaban delante de mi cara, fue el mejor regalo que me podía hacer, tiré de ella, hasta conseguir que me dejara las tetas a la altura de la cara, me volví loco chupando cada centímetro de sus grandes ubres, mordía sus pezones, los lamía, los apretaba entre mis dientes hasta sacar pequeños gemidos de su garganta, mientras ella botaba como una loca sobre mi polla, volvió a terminar antes que yo, pero esta vez no paró, siguió moviéndose hasta que me hizo terminar todo lo hondo que pude dentro de ella, con su mano me metía una teta en la boca para apagar mis gemidos, dejándome que la mordiera sin contemplaciones. Cuando terminé se quedó echada sobre mi, mi polla seguía palpitando dentro de ella, fue la primera vez que mirándome a los ojos, buscó mi boca con la suya y metió su lengua buscando la mía, su lengua era grande y caliente y mi polla seguía palpitando dentro de ella, podía notar como se volvía excitar, levántandose de encima mía se giró y se tendió al reves encima mía, no tardó en meterse mi polla en la boca y comenzar a chuparmela con todas sus ganas, sabía como hacerlo, yo tenía su coño a escasos centímetros de mi cara, podía ver el rosado interior de su dilatado coño, la fina hilera de vellos que llevaban hasta la entrada de su estriado ano, la hice bajar con mis manos en su espalda, y mi boca quedó inundada de una cantidad de flujo y semen que salía de su agujero, como podía pasaba de su coño a su culo consiguiendo que me dejara incluso meterle la punta de mi lengua a la vez que abría todo lo que podía sus nalgas con mis manos. Apretaba con tantas ganas mi polla con sus dientes que hasta me hacía sentir dolor, no dejaba de salir el caldo caliente y espeso de su coño, hasta que de pronto se levantó y me indicó que no hiciera ruido, me sorprendí cuando se dirigió a la cama y se subió colocándose en el filo, estaba en pompa con llos riñones incados sobre la cama, y con sus manos se abría las nalgas indicándome que me acercara a ella, cuando me acerqué y busqué la entrada de su coño con la punta de mi polla, la buscó con su mano, y la dirigió a la entrada de su apretado ojete, siempre había deseado follarme a una mujer por el culo, siempre había escuchado que se sentía mucho más por lo apretado del agujero, mi sueño hecho realidad, follarme a mi tía y encima darle por detrás, tenía la polla tan dura y a pesar del dolor que me produjo conseguir meterla, fue una pasada, tal como conseguí entrar empujé para metérsela hasta los huevos de una sola vez, ella soltó un gemido que pensé que iba a despertar a su marido, pero estaba roncando como un cosaco. Comencé a sacarla y meterla priemro despacio, y poco a poco comencé a darle con más fuerza, llegando incluso a hacer que la cama se moviera, pero me daba igual y a mi tía también, con la cabeza entre sus brazos me dejaba hacer gozando como una condenada, tardé menos de lo que yo hubiera deseado, podía sentir como su esfínter se cerraba y abría dejando que mi polla entrara con más o menos dureza, la tenía bien cogida por la cintura cuando solté a mi corrida dentro de ella, pude sentir como ella se corrió a la vez que yo, fue la corrida más larga de mi vida, y hasta que mi polla no perdió su dureza no se la saqué, cuando terminé, se giró y me dió un beso en los labios, me dijo que había sido el mejor regalo de boda que le habían hecho, y me indicó que me fuera a la cama.
Desde ese día, follamos en cada oportunidad que tenemos.


 
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