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Autor: Anónimo
 

Putas sin fronteras

Ahí estaba yo. Sentada junto a Ana y María, mirando lo que ocurría al otro lado del cristal. Aún no me podía creer lo que veían mis ojos, y la manera en la que estábamos las tres ahí mirando.


Detrás de una ventana, de esas que aparecen en todas las películas policíacas en los interrogatorios, había una salita blanca forrada de moqueta también blanca. En el centro de la sala estaba la Dra. Domínguez, como le gustaba que le llamaran. Era pelirroja, de unos 45 años, bajita, un poco rellenita, y de grandes curvas: prominentes tetas y un gran culo. Me recordaba a una de las maduritas que aparecen habitualmente en las pelis porno italianas. Pese a su edad, su baja estatura y que estaba un poco entrada en carnes, era resultona, y, sin duda, era muy sexy. La Dra. Domínguez era la razón por la que estaba yo ahí, bueno, la de las tres. Queríamos ver una de sus sesiones terapéuticas.


Pues sí, ahí estaba en el centro. Y desnuda, y no estaba sola. Un tipo de color llamado John Carry, de 1’90 de estatura y unos 140 kilos de peso, la mantenía a 4 patas agarrándole con una mano del moño y con otra una de sus caderas, mientras le embestía fuertemente por detrás. La polla entraba y salía con sonidos suaves plis, plis, plis, que podíamos a veces oír desde nuestra posición. El culo de ella se movía como las olas en una playa, al ritmo de las fuertes embestidas.


Un instante antes, pude observar cómo era de grande la polla de ese tiarrón, por eso no entendía como la Dra. Domínguez podía continuar siendo follada así y mantener a la vez una cara inexpresiva, le faltaba bostezar. Esa polla era terrorífica y ella mantenía una actitud altiva, espalda, recta, manos en el suelo totalmente planas, brazos estirados, aguantando el peso, con la cabeza ahora erguida, pues le tiraban del pelo. Sólo emitía pequeños sonidos: -UM, UM, UM, UM, muy muy suaves, producto de la respiración cortada por cada uno de los embistes que le daba el de detrás. Ella no movía el culo, únicamente se dejaba llevar como si fuera una prolongación de las manos de él, se mantenía toda lo quieta que podía, abriendo bien las piernas, eso sí. Se dejaba follar totalmente.


Miraba de reojo a mis compañeras de observación, Ana y María. No dejaban de mirar lo que ocurría al otro lado. Contemplaban la escena sin más, como si lo que estaban viendo fuera de lo más normal, y realizando de vez en cuando gestos de asentimiento o aprobación.


Yo estaba totalmente alucinada, a la par que excitada. Mi raja hacía tiempo que no tenía cabida para los jugos que se habían ido produciendo desde el principio de la sesión, y salían ahora hacia mis braguitas que poco a poco se estaban saturando. No es que me gustara el tío, pero la escena de ella totalmente entregada y él follándosela a su gusto me derretía. Intentaba disimular, eso sí, porque lo que deseaba de verdad era llevarme una mano al coño y frotarme un poquito, lo suficiente para correrme. Estaba cachondísima y mi clítoris me respondía con pequeñas palpitaciones, reclamando mi mano. Me aguanté las ganas como pude y seguí mirando incrédula.


Las tetas de la Dra. Domínguez, al aire, acompañaban de manera violenta, hacia delante o hacia atrás las idas y venidas del culo de John Carry. El toro que tenía detrás, la tenía bien sujeta, y apenas podía moverse. Los gritos de él eran lo que a mí me ponía más a mil: -AAAAHHH, AAAAAAAHHHHH, que soltaba a cada follada. Ya llevaba un buen rato dándole, -Dioooos, no acaba nunca, dije yo mientras sentía en ese momento un espasmo de mi vagina, como si ésta estuviera llamando a una polla

- UAAARRHHHGG, gruñía de vez en cuando el negro. Él sí que no se contenía, Sólo algunas veces, cuando John Carry más fuerte le daba, la Dra. Domínguez cerraba los ojos impulsivamente - Ésta sí la has notado, pensaba yo, mientras mi chocho palpitaba. Ella rápidamente se relajaba de nuevo y regresaba su rostro impertérrito. Yo me preguntaba cómo era posible que no se excitara y se dejara llevar un poco, si yo mirando ya estaba como una perra, -Imagínate con esa tranca dentro, por cojones has de sentir algo, pensé para mí.


El tío siguió follándola un poco más. A mí se me hacía eterno, me movía y revolvía en mi asiento de lo cachonda que estaba, en la misma postura del perrito, cada vez más lento, hasta que en un momento paró, y le soltó del cabello. John Carry se incorporó. Pude observar de nuevo su tremenda polla negra de unos 28 cm en erección palpitante, -Ufff, exclamé sin poder contenerme, mientras Ana y María me propinaban miradas recriminatorias. –Perdón, se me escapó, dije poniéndome la mano en la boca.


La Dra. Domínguez miró hacia atrás sin dejar de estar a 4 patas, le echó un vistazo al pollón, y después se dio la vuelta quedando de rodillas. A dos pasos de ella, John Carry empezó a hacerse una paja. Ella se acercó gateando hasta la altura de su polla, le acercó la mano a su pene, imagino que para ayudarle. Él se la apartó, y le agarró nuevamente del pelo, fuerte y hacia atrás.- Sufre, zorra, pensé yo. Ella se dejó y le miró a la cara, sin inmutarse. Él paró de pajearse, y acercó su miembro sin soltarle el pelo a su boca. La Dra. Domínguez la abrió de inmediato, sumisa. Le metió la polla y empezó a moverle la cabeza con la mano que mantenía en su rojo cabello. Al otro lado del cristal oíamos un suave mmmm, mmmm, mmmmmm, producto de lo que le costaba a la Dra. Domínguez meterse la tremenda polla, ya que éste le llevaba la cabeza hasta el fondo. Él gritaba fuera de sí, y esto sí que lo oíamos perfectamente OOOOOOOH, AAAAAAH. Su cara era de ido. Dios, yo no podía mirar, no podía más, esos gritos me mataban de ganas, cruce las piernas en un intento de calmar las palpitaciones de mi chocho. –OHHH, OHHHH, seguía gritando el negro echando la cabeza levemente hacia atrás. Se iba a correr en su boca. Me excitó muchísimo pensar en eso, miré a mis amigas, y estaban igual que la Dra. Domínguez ahí dentro, ni se inmutaban.


John Carry continuó moviendo la cabeza de la pelirroja, y gritando –AAAAH AAAH. Pude corroborar que se estaba a punto de correr porque empezó a follarse la boca de la Dra. Domínguez con movimientos violentos mientras le sujetaba la cabeza con las dos manos. Siguió así, más y más rápido y –UUUUUUUUUUUUUAAAAAAHHHH, resonó en toda la sala, mientras eyaculaba en su boca. La mujer únicamente cerró los ojos con lo que debió ser el primer chorretón, pero continuó impasible mientras John Carry se movía y le dejaba caer hasta la última gota de su leche en el interior. El hombre mantuvo su polla así un buen rato, bien en el fondo. Ella aguantaba estoicamente. Después la retiró, y pudimos apreciar que ella tenía la boca llena de su semen. Miró hacia el cristal a través del cual no podía vernos, y lo tragó.


Una vez se acabó todo, fue hacia John Carry de nuevo y ya de pie vimos que le decía algo, después se dio la vuelta y se dirigió a la puerta que daba a nuestra salita. John Carry mientras, caminó hacia otra puerta donde le esperaban 2 policías con su ropa.


La Dra. Domínguez entró en la salita donde estábamos, iba desnuda y pude apreciar que tenía restos de semen y babas aún en la cara. En seguida habló: -¿Qué os ha parecido?, nos dijo sonriente mientras con un klinex se limpiaba el semen que tenía en la barbilla.

Mis compañeras aplaudieron brevemente, - Fantástico, increíble, muy buen trabajo, perfecto, decían sin parar una y la otra solapándose. Yo no sabía qué decir, estaba de piedra, había sido la situación más excitante de mi vida. Hice como mis compañeras, aplaudí brevemente, y le dije:- Muy bien, muy bien, pero cuando acabaron las felicitaciones no me pude reprimir:

Dra. Domínguez, tengo una preguntita

Sí, cariño, dime

Mire, mmmm, me da vergüenza porque no sé si es apropiado…

Dime, dime, dijo ella interrumpiéndome

En toda la sesión (dije, marcando la palabra), ¿no ha sentido placer ni dolor en ningún momento? María y Ana me miraron extrañadas, con cara de "Qué tonta eres…"


La Dra. Domínguez respiró profundo y contestó:

Mira hija, cuando entré en esa sala iba a cumplir una misión. Ese hombre me necesitaba, yo no entré para disfrutar, y si en algún momento me hizo daño, que es verdad que me lo hizo brevemente, hice el esfuerzo por contenerme, pues siempre hemos de intentar conseguir el placer máximo para nuestros pacientes. De otra manera, la terapia puede fallar.

Pero…

Es normal además, sentir "algo", dijo marcando la palabra. –Mira hija, continuó mientras cogía mi mano, la acercaba a su raja, y la utilizaba para acariciársela. Noté que estaba empapada y muy caliente. Como yo lo estaba en ese momento. Siguió utilizando mi mano y continuó hablando: - Como digo, es normal tener sensaciones, y por supuesto notar físicamente los efectos de ser follada, como los flujos. Y si bien, ni yo ni nadie puede controlar que mi interior se empape, mi clítoris se agrande o mi coño palpite, sí puedo controlar los efectos psicológicos como el sentir placer, y mucho menos el correrme. Es importante que el paciente sepa que se nos puede follar, disfrutar de nosotras hasta correrse y que somos receptáculos de su semen; pero de la misma manera que un cirujano no siente placer al curar una herida, nosotros tampoco debemos; perjudicaríamos al paciente, le confundiríamos. La terapia perdería sentido. Estamos para tratar "heridas". Somos su medicina, no debemos disfrutar de ello. Creo que me he explicado, concluyó.

Entiendo, dije, y ella soltó mi mano que quedó completamente empapada de sus jugos.

¿Lo comprendéis vosotras también?

Sí, dijo María, - Yo eso lo tenía claro hace tiempo, dijo Ana mirándome con esa cara asesina. – Te odio puta gorda, pensé yo.

Bien, continuó, cuando concluyáis un trabajo, por supuesto podréis aliviar los efectos físicos de la sesión. La mano de una misma siempre es lo mejor para eso, dijo sonriéndonos. Aunque en un caso como éste, dijo, mientras se acercaba a María, siempre podemos echar mano de una amiga…


Cogió por los hombros a la chica, y le ayudó a agacharse, ella lo hizo obediente. Se agarró de los muslos de la Dra. Domínguez y acercó su cara a su coño. Hundió su nariz en su vello, y se inclinó ligeramente para tener ángulo. Al llegar a la zona deseada, sacó la lengua y empezó a lamer su clítoris sin dilación. Oíamos el sonido de los jugos empapando la lengua de María, - Oooooh, ooooh, así hija mía, así, empezó a gemir la Dra. Yo también quería que alguien me lo comiera a mí uf, mi coño estaba que no podía más, necesitaba tocarme para detener las palpitaciones. Me aguanté un poco más. La Dra. Domínguez continuó hablando: - Una buena compañeraaaaah, aaah, aaaah, continuó mientras apretaba un poco más la cabeza de su lamedora contra sí. Estaba tan apretada que María se tuvo que abrazar al culo para no caerse, - una buena compañera, también puede ser, ummm, un buen remedio a esos pormenores físicos, y gimió de nuevo, - así , así, asíiiiiíii!!!, ooooh, gritaba, mientras veíamos que María aumentaba el ritmo de las lametadas en su clítoris, hasta que al final , -Urf, urf, urf, gimió la Dra., mientras se movía como follándole la boca a la preciosa María y le sujetaba la cabeza. Continuó así un rato hasta que arqueó las piernas, echó la cabeza ligeramente hacia atrás mientras soltó 2 gritillos agudos que me resultaron graciosos, aunque ya me gustaría ser yo la que estuviera gritando así.


Se terminó de correr en la cara de ella, y después dejó que se levantara. Vimos entonces cómo María tenía toda la boca empapada de jugos blancos y espesos. También se incorporó y se unió a la fila que formábamos Ana y yo, mientras se limpiaba con la mano.


Buenooooo, ya estoy más tranquila, continuó la Dra. Domínguez. Y bien, ¿os queréis unir al proyecto????

Yo estoy decidida, quiero hacer algo por los demás, dijo Ana,

Yo también, dijo María, estos hombres nos necesitan, creo que es una causa que merece mi compromiso.


Mientras escuchaba alucinada las respuestas de mis "compañeras" y todas me miraban esperando la mía, me puse a pensar en qué coño hacía yo en esta situación.

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Tres días antes caminaba por una calle céntrica de mi Madrid natal. Venía de ver a mi abogado, pues estaba en trámites de separación. Tras 10 años de matrimonio mi marido se había ido con una putita 15 años menor que yo. Lo peor es que a la vez que perdía mi marido perdía también mi trabajo, pues yo trabajaba hasta entonces ayudando a mi marido en su pescadería. Era pescadera, sí, y me gustaba, pero ahora lo había perdido todo. ¡Hasta me tuve que ir de mi casa! No teníamos hijos y el piso era propiedad de mi marido.


Tengo 38 años, y ahora me asustaba llegar a los 40, ¿quién me va a querer a esa edad?, pensaba. Físicamente no estoy mal, pero ya sabemos que a los hombres les van las veinteañeras. Creo que, como dicen mis amigas, aún soy "follable". Tengo los pechos un poco caídos pero grandes, como les gustan a los hombres, uso una 100, y el resto no está nada mal. Tengo unos bonitos ojos azules. Conservo una piel blanca y suave, y un pelo rubio estupendo, pero lo que más gusta a los hombres de mí es mi boca. La tengo grande, de labios carnosos. Me río recordando la de veces que me han dicho que tengo cara de chupapollas. Al principio me molestaba pero con el tiempo comprendí que era una cualidad que tanto a hombres como mujeres gusta. Es un piropo para mí.


Estaba deprimida, tenía que medicarme porque se me había caído el mundo encima, y tuve que volver a vivir con mi madre. Mi padre había muerto hace años y ella sobrevivía con una pequeña pensión. Por supuesto que me acogió, pero ella no tenía un status que le permitiera mantenerme mucho tiempo.


Iba paseando y un chico joven me entregó un folleto. Era un papel blanco, sin fotos ni detalles. Sólo una frase mecanografiada en letras grandes. Decía "Nuevos métodos de control de la agresividad masculina. Dra. Amadora Domínguez. Psiquiatra forense. Centro de Estudios Médicos. Día 3 de septiembre, 20 horas". Debajo venía la dirección junto con las paradas de Metro cercanas.


Había oído hablar de algo así en un Telediario recientemente. Recordaba que se trataba de una médico que había puesto en marcha un programa especial en un centro penitenciario de Toledo, y había logrado reducir la violencia en la cárcel en un porcentaje altísimo, consiguiendo rehabilitar a reclusos muy violentos. Recuerdo que lo polémico era que ¡utilizaban el sexo como relajante de la violencia! Pero no concretaban nada sobre el papel exacto del "sexo" en esto. Me picó la curiosidad y me encaminé hacia el lugar de la reunión. No tenía nada que hacer. Faltaban 20 minutos.


Llegué al lugar 15 minutos tarde. Al entrar un portero me indicó la sala de la conferencia. Entré y vi que estaba semivacía (o semillena). Una chica, que poco después deduje era la Dra. Domínguez, estaba hablando sobre las causas de la agresividad masculina o algo así… Para no montar un escándalo me senté en la última fila, al lado de una jovencita morena de pelo corto, muy delgada y con un top muy sexy que llevaba sin sujetador, debajo del cual resaltaban unos pechitos redondos.

¿Ha empezado hace mucho?, le susurré.

No, aún no ha empezado a hablar de lo importante: su proyecto y de la Organización… ¿Es la primera vez que vienes a escuchar a la Dra. Domínguez? me dijo.

Sí, ¿y tú?

Yo no, esta es la tercera conferencia a la que voy, me encantan sus ideas, y lo que está haciendo para mejorar los problemas de este mundo con algo tan sencillo. Hoy me uniré a ella.

¿A ella? ¿A qué? Dije yo.

SSSshhh, atiende y lo verás.

Vale, ¿cómo te llamas?, le pregunté.

Me llamo María, ¿y tú?

Yo me llamo Sofía, encantada.


Atendí a la conferencia. La conferenciante (la Dra.) vestía con un traje chaqueta de color gris con rayas negras. Debajo llevaba una camiseta de cuello alto, el pelo recogido en un moño, e iba maquillada discretamente. Todo le daba un aire intelectual y sofisticado.


… y por eso los hombres poseen una propensión innata a la agresividad, la cual no es adquirida, como nos hacen creer los medios actuales, sino mayormente de origen genético. Algunos de ellos, del mismo modo que un esquizofrénico no puede controlar sus ataques, se ven impulsados a realizar actos derivados de esa agresividad innata…

Mientras, en una pantalla aparecían imágenes de asesinatos, hombres peleando, etc. Ella continuaba hablando, en un lenguaje técnico que no entendía, relacionaba los genes, y la testosterona con esta agresividad innata. Pero la diferenciaba de otro tipo de agresividad que no era genética, no tratable con sus métodos. Esto es lo que yo entendí…


… y por eso, la selección de los pacientes es fundamental para el buen funcionamiento de la terapia. El psiquiatra ha de saber identificar correctamente a aquellos sujetos que…


Desconecté. Miraba a mi alrededor, María estaba concentradísima en la reunión, la ponente la tenía encandilada. Todos los asistentes eran mujeres me fijé, -Quizás el folleto sólo nos lo daban a nosotras, pensé. La mujer seguía hablando desde el atril.

… el sexo…, y al oír la palabra volví a prestar atención… - mejor dicho: el placer total, la liberación de toda la tensión, el relajamiento absoluto mediante la consecución de las necesidades sexuales de un paciente agresivo, en sesiones controladas y con un seguimiento correcto por parte de psiquiatras y psicólogos especializados a lo largo del tiempo, puede eliminar la violencia de sujetos que actualmente no son válidos para la sociedad en la que vivimos.

¿Pero qué coño dice esta?, pensé yo.

Pondré sólo algunos ejemplos. Hace dos años, conseguimos que recluyeran en el Centro penitenciario de Alcalá a un grupo de 240 sujetos peligrosos y habitualmente violentos. Convivieron aislados del resto. Se trataba de un programa piloto que seguía las directrices del método: terapia sexual combinada con seguimiento psicológico. Conseguimos erradicar por completo la violencia en el Centro: agresiones, hurtos, vejaciones, y demás delitos carcelarios, con la consiguiente reducción de las infecciones, el gasto sanitario y el perjuicio para los propios internos. Todos ellos tuvieron buena conducta según los funcionarios. Los que han cumplido ya condena están alcanzando índices de reinserción desconocidos hasta ahora en España.


Ciertamente me quedé sorprendida, muchas chicas aplaudieron, incluida María, que se me acercó y me dijo susurrando: - No te parece increíble, es increíble lo que se puede conseguir con la gente si se le ayuda correctamente, - Sí, dije yo, que seguía alucinada con todo lo que estaba escuchando.


Ella siguió hablando.

Esto lo conseguimos con sesiones de relajación sexual, cada vez más espaciadas en las que...

Siguió hablando pero yo miraba a la pantalla sin escuchar porque empezaron a aparecer fotos increíbles. Me quedé con la boca abierta: 7 hombres en fila empalmados, con otras tantas chicas, ¡mamándosela!, otra foto: tres chicas sobre una mesa siendo folladas por tres tiarrones, y más: dos filas de chicos en las que al final había dos chicas a 4 patas que estaban siendo folladas. Y así varias diapositivas. La que más me llamó la atención fue una en la que estaba la Dra. Domínguez encima de la polla de un tío, mientras otro se la metía por el culo. ¡La tía sacaba una foto suya así como si fuera lo más normal! Cuando me di cuenta tenía las bragas empapadas. Hacía tiempo que no echaba un buen polvo y ver esto me había puesto a mil, sobre todo la diapo del sándwich, ¿cómo sería?, me imaginé a mí misma haciéndolo mientras me pasaba la lengua por los labios, y notaba que mis bragas dejaban escapar una gota de flujo viscoso hacia mi pierna.


Mirando las fotos, me llamaba la atención especialmente la inexpresividad en la cara de las chicas, como si fueran muñecas, en contraste a la cara de placer que tenían sus amantes.

… y actualmente estos reclusos, o bien ya no necesitarán más sesiones, o una cada 6 meses en casos de mayor "resistencia"…Como dije han pasado dos años, y el índice de violencia sigue siendo 0. (Aplausos). Este es uno de nuestros mejores programas, y de los pocos múltiples, porque he de decir que normalmente cada programa es individualizado.


Continuó: - Como ya he dicho anteriormente, una de las cosas más importantes es que cada voluntaria sepa lo importante que es su trabajo para la sociedad en general, y que no es un trabajo en el que deba disfrutar, eso está terminantemente prohibido, ha de hacer simplemente un buen trabajo. Para follar tenemos a nuestros maridos y parejas. Esto no es follar, recalcó. Con nuestro esfuerzo devolvemos hombres válidos a la sociedad.


Continuó: - Esta conferencia rueda en torno a la agresividad, pero tenemos otros muchos proyectos en marcha. Pondré algunos ejemplos: programas para gente "sin sexo", colectivos propensos a la depresión por falta de sexo, también para discapacitados, hospitalizados de larga duración, e incluso hemos iniciado en Francia, un proyecto para ayudar a mujeres maduras: viudas, divorciadas…, en el que los voluntarios son hombres. He de decir que es muchísimo más difícil encontrar voluntarios masculinos adecuados, además de que las mujeres no responden igual de bien a la terapia. No explicaré esto porque carezco del tiempo necesario.

- En la actualidad somos 346 mujeres y 13 hombres. Tenemos programas tanto nacionales como internacionales, en diversos sitios y con pacientes muy distintos. Pero para continuar nuestra expansión y comenzar nuevos proyectos necesitamos chicas como vosotras. Os pido que os quedéis las interesadas en ayudar a cambiar un poquito este mundo. Muchas gracias. (Aplausos)


Se acercó otra chica al atril y dijo:

- Ahora la Dra. Domínguez responderá a todas sus preguntas.

Se levantó una chica morena, bajita, de pelo largo y ondulado. Sólo la veía por detrás pero me pareció que estaba un poco gordita.

- ¿Hay riesgo de contagio de enfermedades durante las sesiones? , y yo pensé: ¿por qué le llaman "sesiones" cuando quieren decir "folladas"?

- No, todos los pacientes son seleccionados, como he dicho y no hay ningún riesgo.


Se hicieron unas pocas preguntas más, que versaban sobre la teoría de la Dra. Pasé de escuchar más preguntas y me empecé a relajar, me había puesto a mil durante la charla, sobre todo al ver las fotos. Quería llegar a casa y masturbarme. Cuando me di cuenta la gente empezó a salir. Me quedé por curiosidad.


Nos quedamos la chica que estaba a mi lado, María, la que hizo la primera pregunta y yo. Nos levantamos y fuimos hacia la primera fila. Pude ver bien a la chica de la pregunta, se llamaba Ana, tenía grandes pechos y también una gran barriga, estaría embarazada de unos 7 meses. – No me jodas, no me jodas, esto es de locos, pensé.


Hola chicas, dijo apareciendo la Dra. Domínguez.

Hola, contestamos todas.

Después de una breve conversación protocolaria, en la que descubrí que tanto Ana como María ya habían acudido a estas conferencias 3 o 4 veces y habían leído los libros de la conferenciante, la Dra. Domínguez continuó:

Valoro vuestra iniciativa de formar parte de nuestra Organización, sois jóvenes, -¿Yo joven?, pensé sintiéndome alagada, y queréis hacer algo por los demás. Pero las sesiones son duras, a veces, así que antes quiero que veáis como se trabaja. Dentro de 2 días haré personalmente una sesión en la cárcel de Málaga, con uno de los pacientes.

Su nombre es John Carry, ¿habéis oído hablar de él? Continuó.

Yo sí lo conocía, era un chico afroamericano que había asesinado en la bahía de Cádiz a 3 jóvenes en una discoteca. Su caso se había hecho notorio porque durante su estancia en distintas cárceles había asesinado a dos funcionarios de prisiones y 3 reclusos, así como cometido otros múltiples delitos menores.


Es un hombre violento en estado puro. Esta será su cuarta sesión. Es el caso más difícil que hemos tenido, por eso le trato yo personalmente durante las entrevistas, y ese día realizaré la terapia sexual personalmente. Quiero que vosotras estéis presentes.

Hizo una pausa y continuó:- Desde que comenzamos esta terapia combinada, Johny ha respondido a la perfección y está teniendo un comportamiento ejemplar. Enseguida hemos conseguido que concentrara sus "impulsos no normales" en estas pequeñas sesiones, demostrando que el método funciona.

Respiró y continuó: - Al principio observareis que está un poco ansioso… pobre, estará deseando que llegue ese día…pensad que cada vez espaciamos más el tratamiento. Al final conseguiremos erradicar su comportamiento anómalo, estoy segura. No es mal chico. Estaba enfermo…


Nos despedimos. Llegué a casa. Me masturbé, me volví a masturbar y me volví a masturbar 3 veces más durante esa noche. Sólo cuando tenía el coño dolorido dejé de hacerlo, pero seguía excitada con la experiencia vivida, y las ganas de saber qué iba a pasar en un par de días. Hasta ese día únicamente fui contando las horas sin hacer nada especial. Simplemente planeé la manera de llegar a Málaga en hora.


Cuando llegué al Centro Penitenciario, me llevaron a una salita donde ya estaban mis tres recién amigas: la Dra. Domínguez, de traje impecable, la guapa, delgada y modosita María, y la embarazada Ana.

Bien chicas, sentaos. Comenzaremos en unos minutos. Se quitó la ropa lentamente delante de nosotras, mientras nos sentamos, y fue doblándola cuidadosamente. Me gustó ver cómo se bajaba las braguitas, blancas y de encaje, que dejó caer hasta sus tobillos y recogió después de una manera muy fina. Las depositó cuidadosamente con el resto de la ropa. Al ver el streptease que no lo era, noté la primera llamada de mi coño.


La Dra. Domínguez se situó en el centro de la sala, se puso a 4 patas cuidadosamente abriendo todo lo que podía las piernas, con el culo bien en pompa. Estaba de foto. Jamás pensé que pudiera ponerme cachonda ver una mujer desnuda, pero verla a ella así, me empezó a electrizar. En un instante se abrió la puerta y aparecieron dos policías sujetando con fuerza a John Carry, desnudo y tremendamente empalmado, que luchaba vigorosamente por soltarse. –AARg, ARRRGGG, oíamos que gritaba. Mi corazón se puso a mil por hora, esta vez del miedo. De repente los policías soltaron agotados su presa y sin perder tiempo John Carry se abalanzó literalmente sobre el culo de la Dra. Domínguez que sin mirar atrás, le esperaba. Llegó a su altura arrodillándose de inmediato, la cogió por las caderas, situó su polla en la entrada de su chocho, y empujó de una manera sobrehumana. – AAAAAAH, gritó, mientras a la Dra. Domínguez se le pusieron los ojos en órbita durante un instante.

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¿Y tú Sofía? ¿Sofía?, decía la Dra. Domínguez

Sí, sí, perdón, decía mientras volvía al presente.

¿Te apuntas o no? Preguntó borde otra vez Ana

Dudé, pero coño, me picaba la curiosidad, y para ser sincera, no sólo la curiosidad.

Sí, dije decidida. Di mi número de teléfono y quedé en que me llamarían cuando me necesitaran.


Al día siguiente me citaron en una calle a la que nunca había ido. La excitación viajó conmigo desde que recibí la llamada hasta que llegué al sitio. Tenía remordimientos porque no creía ni de coña poder aguantar una sesión sin ponerme cachonda. Más bien, lo que yo quería era correrme. Llevaba ya meses sin echar un clavo y ya no me importaba sinceramente quien me cogiera. – Que se jodan los pacientes, que se joda la Dra. y que se joda también la puta Ana, pensé riéndome, yo hoy voy a pasármelo bien. Sabía que tendría que disimular pero…


Llegué a la dirección, era un bar. Nos habían citado allí a 8 chicas, más la Dra. Estaban también Ana y María. – Ésta sí que les va a poner a los tíos, pensé mirando la barrigota de Ana.


La Dra. Domínguez tomó la palabra: - Bien chicas, aquí enfrente hay un Centro de Recuperación para pacientes deprimidos y propensos al suicidio. Llevamos 2 meses con sesiones psicológicas a los internos, y creemos que están ya preparados para la primera sesión sexual. ¿Estáis preparadas????

Siiiiiiiií! Gritaron todas, incluido mi coño, ya lubricado, que no podía esperar más.


Ya dentro, nos desvestimos todas en una sala grande. Esta vez la Dra. no se desvistió y pude observar el bonito cuerpo de todas, incluso de Ana; pese a estar embarazada estaba muy buena. Me caía fatal.

Bien chicas, dijo la Dra. Quiero cuatro chicas de rodillas y otras cuatro a 4 patas!

Rápidamente me puse como un perrito, no había ido yo a chupar pollas. Todas me miraron como extrañadas, y se fueron colocando indistintamente. A mi lado tenía a María, también como un perrito.


Bien, las que estáis a 4 patas iros pasando el bote de vaselina y lubricaos bien el culo. - ¿¿¿¿QUEEEEEEEÉ???? Pensé yo, mientras me ponía de rodillas, intentando escapar.

¿Qué pasa Sofía? Es sólo por precaución, por si el interno tiene ese deseo. No debemos inhibirlo bajo ningún concepto, me dijo la Dra.. – Me cago en la puta, pensaba yo, qué coño hago aquí, pensaba mientras cogía el bote que María me pasaba con una sonrisa cómplice.


Me puse a 4 patas de nuevo, notaba desde hacía un rato como si alguien me mirara fijamente. Miré por toda la habitación, y efectivamente, al otro lado de una ventana estaba Juan. Me miraba fijamente, babeante. Tragué saliva. Qué coño hacía este tipo aquí. Juan era amigo de mi ex, era el típico amigo de todos que salía siempre y nunca se comía una rosca, le llamaban "El atontao", y mi ex y los demás siempre se reían de él. Era muy delgado, con un peinado con raya a la antigua y vestía siempre horrible. Tenía su mirada clavada en mí. Quería taparme pero esto ya no tenía vuelta atrás.


Bien chicas, concentración y silencio, dijo la Dra. mientras se retiraba, y empezaron a pasar los hombres.

Miraba de reojo y no veía entrar ninguno guapo. El cabrón de Juan se adelantó a los dos que tenía delante y se puso detrás de mío. – Hijoputa, pensé. Miré a una de las ventanas que tenía enfrente y pude ver su cara reflejada. Me miraba de una manera asquerosa, se le caía la baba y se movía nervioso, como deseando que empezara todo. – Dios, dios, me va a dar por culo, nooo, no quiero, pensé.


Todos se fueron colocando más o menos con un orden, no podía ver lo que había detrás, sólo de reojo a María que miraba al frente sin inmutarse. Sonó un silbato suave.


Dios, mi culo, noooooooo!, pensé, mientras cerraba los ojos esperando la embestida.

AAAAH, gritó el cerdo de Juan mientras me hincó su polla en el coño que tenía ya lubricado de la excitación previa. Me sujetaba las caderas mientras me iba follando despacio

UFFFF, suspiré yo, menos mal. Notaba su verga, deslizándose despacio por toda mi pared vaginal. Me follaba bien, empezaba tomándoselo con calma, disfrutándolo. Yo me relajé, intentando pensar en otra cosa, en otro hombre más bien. Plas, plas, AAAAH, OOOH, gemidos, sonidos de bocas chupando y gritos resonaban por toda la sala.


Me llamó especialmente la atención los gritos del "compañero de María". Ésta mantenía la misma cara impertérrita. Mientras, su amante estaba recostado totalmente sobre ella, mientras le agarraba ambas tetas con las manos. -¡La estaba enculando!, observé. Uf, pobrecita, por qué poco me libré, si al final voy a tener suerte con este desgraciado, pensé.


La escena de María fuertemente sodomizada hizo que mi coño expulsara más y más jugos. Está claro que a mi ahora querido Juan eso le gustó, porque empezó a aumentar el ritmo de sus folladas mientras respiraba y gemía más y más fuerte. Mi coño se dejaba abrir al paso de su verga, y el placer era extremo para mí, sin llegar a la explosión del orgasmo. Intentaba no gritar mientras seguía contemplando de reojo el "sufrimiento" de María, que ahora tenía una mano que le tapaba la boca y otra apoyada en su hombro, mientras el tío se había acostado totalmente sobre ella, y ahora le cabalgaba literalmente.


Notaba a Juan ahora jadear como un perro, y eso me hizo sentir un poco sucia, entregándome a una persona como ésta. Sin embargo, mi coño no notaba lo mismo, sino que me palpitaba y se agrandaba pidiéndome más y más. Luchaba por no dejarme llevar. No sufrí mucho más. Oí a mi espalda: - Qué bien, qué bien, sí , sí , AAAAAAH, y noté varios chorrazos dentro de mi vagina, mientras el cerdo de Juan tiraba de mi pelo, grité sólo un poquito, no se escuchó apenas, me controlé, me relajé y dejé que acabara de eyacular en mi interior. Mientras lo hacía, vi que María ya no estaba apoyada con sus manos sino directamente con su cabeza, que miraba hacia mí, pero aún impasible. Su cabrón estaba totalmente echado sobre ella, y le seguía follando el culo con la misma fuerza del principio. No pudo aguantar su peso más tiempo.


Mientras notaba que Juan retiraba su polla flácida de mi coño, vi por el reflejo del cristal como el "amante" de María convulsionaba mientras se echaba hacia atrás agarrándole ahora fuerte de las caderas. Estaba corriéndosele en el culo. María se incorporó de nuevo a su posición de perrito, y aguantó estoicamente los últimos embistes de su paciente.


En poco más de 15 minutos acabó todo. Todas nos incorporamos mientras los pacientes abandonaban la sala. Aún notaba la leche del asqueroso, pues se había corrido bien adentro. Miré a las cuatro que estaban de rodillas, casi todas con restos de semen en sus bocas. Alguna se relamió en vez de limpiarse. Yo fui al baño de inmediato, me daba asco sentir la leche del tío ese dentro. Me negaba a creer que me había excitado su follada. En realidad me había encantado. No conseguí quitarme la lefa de dentro, parecía que se hubiera corrido directamente en mi útero.


Salí y varias chicas se estaban vistiendo, María estaba sentada con un cojín. La Dra. no estaba. Vi a Ana, la embarazada, también vistiéndose, le dije:

Ana cariño, necesito que me mires una cosa,

Ana se acercó extrañada y con cara de mala hostia. Caminaba despacio, estaba en la otra punta de donde estaba yo y lo bien que caminaba indicaba que se la habían follado "normal", aunque por su estado, estaría algo cansada.


Me senté en una mesa, y le dije, me duele aquí, señalando uno de mis labios vaginales.

A ver, dijo ella, igual está irritado. -Yo no veo nada raro, sólo está inflamado, continuó.

Por eso, le dije, agarrándole de la nuca y acercándola a mi coño. Abrí bien las piernas y puse su boca directamente en mi chocho.

¿Pero qué coño!!!?? Gritó ella apartándose. Todas las chicas se volvieron, mirando extrañadas. Repetí la operación, volví a abrir las piernas ahí sentada en la mesa, le cogí del cuello e hice fuerza para atraerla.

Vamos, cariño, ayúdame a recuperarme, dije haciéndome la víctima.


Al ver la cara de incomprensión de las compañeras que nos miraban, Ana en seguida comprendió mi plan. Ví sus ojos encendidos por el odio. Resignada, se dejó llevar por mis manos. La acerqué a mi raja, y le froté la cara contra todo mi sexo, ella no sacaba la lengua así que continué frotándola más y más fuerte. Ana sacó la lengua y lamió mis labios. Cambié de posición cogiéndola ahora por las sienes y llevándola directamente a mi clítoris, que estaba enorme. Ana empezó a chupar. –Síiiiií, grité. Continuó lamiendo, plis plis plis, mientras yo abría las piernas todo lo que podía y me frotaba con movimientos pélvicos contra su boca.- ¡Qué gusto me da esa lengua de puta! pensé.


Noté, de repente, que la leche que tenía dentro empezaba a deslizarse hacia fuera. Ana también lo notó. Se apartó ligeramente con una arcada al lamer una gota de semen espeso recién salida de mi raja. No se la esperaba. Sin compasión la empujé de nuevo para que siguiera chupando. El placer se mezclaba con la venganza, viendo como todo el semen de mi interior iba deslizándose hacia la boca de Ana, que chupaba ahora una mezcla con mis jugos.


No tardé mucho en correrme. Un grito agudo recorrió toda la sala, mientras aplastaba a mi lamedora en mi sexo. La dejé ahí un buen rato, disfrutando del final. Después la solté y se incorporó


Eres una puta, me dijo sólo para mí..

Lo chupas de miedo, le dije sonriente

Zorra.

Límpiate la cara, le dije.

Bajé de la mesa y la dejé ahí con su cara de odio. Terminé de vestirme y me interesé por María, que me contestó que estaba muy contenta de ayudar al pobre hombre que se la folló, - Ésta sí que es tonta, pero está claro que vale para esto, pensé yo.


Esta "Organización" no tenía aún nombre. Me reí para mí pensando en el nombre que le pondría yo…

 
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