| |
Un juguete llamado Action-Man
Celia estaba aburrida en la habitación de su casa. Sus padres se habían ido de viaje por negocios y ahora estaba sola. Cambiaba los canales de televisión cuando sin querer le dio a un canal porno. Se impresionó viendo tal cosa. Ella se puso también muy caliente. Abrió un poquito sus piernas, imaginando que la penetrada era ella. Tenía su almeja húmeda, y empezó a acariciar la concha con la mano. Soltaba algún que otro gemido. En aquél momento se acordó del regalito que le hizo su amiga África hacía ya tiempo. Abrió el armario y rebuscó entre la ropa. Después de explorar durante un rato sacó el objeto. Era un consolador con forma de pene, de un plástico como si fuera silicona. Se volvió a tumbar en la cama y se acomodó en ella, abriéndose de patas. El objeto era de treinta centímetros, con un gran perímetro. Tuvo que tener cuidado al introducir el juguete. Empezó metiendo el glande, y dio un fuerte suspiro. Era su primera vez. Después llegó a meterse la mitad del juguetito, y gimió como una loca. Al empezar a ponerse caliente fue metiéndose el consolador entero, y a una velocidad sorprendente. Se lo metía también por el trasero, sin preocuparle los hilillos de sangre que le salían de este. Sus jugos se esparcían por el consolador, y doblaba el juguete de vez en cuando. Después de haber tenido un orgasmo con él, se llevó el aparato a la boca, imaginando que sus jugos era el delicioso semen del actor porno que veía en la televisión. Se pasó el consolador entre los pechos, como si fuese aquello una cubana, resbalándose entre sus tetas por su líquido. Se llevó el juguete a su concha. Allí se abrió sus labios vaginales y metió el aparato brutalmente, provocando que el juguete sobrepasara de los límites. Sacó el consolador, con manchas de sangre, por el daño que se había hecho. Consiguió hacerse tres orgasmos más, destrozándose su vagina. Se acercó el consolador cerca de la cara mientras le decía:
- Te has portado muy bien, mi querido Action-Man.
|
|