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Candela
Llevaba horas trabajando, el fin de semana había empezado y no parecía que me fuera a dar tiempo de divertirme aunque fuera solo un poco. Que me tocara a mi el fin de semana entero era una putada, pero que encima fuera uno de esos fines de semana de puente lo hacia una putada interminable. Para colmo Max se quedaba en el bar, pero de fiesta, esta vez no se iba por ahí con los chicos, tenían una de esas noches en las que saben que empiezan no saben que, ni cuando va a terminar.
Salí del almacén y cruce el patio con las cajas de refrescos, una en cada mano, tengo demasiado trabajo, poco tiempo y soy una chica un poco bruta.
Entré en el bar lleno de humo y de gente, una rápida ojeada y vi al mas guapo de los chicos que estaba detrás de la barra tonteando con unas chicas que lo miraban con ojitos de corderas, pero con sombras de lobas, como decidiendo cual se lo quedaba. Luc me vio y enseguida se dirigió hacia mi para coger las cajas:
_Pero que bruta eres – dijo – si me lo dices voy yo.
_¿Y dejar que se pierdan la posibilidad de darte un repaso? – dije señalando con la cabeza al grupo de chicas, que ahora me miraban como a una posible rival, mientras le alcanzaba las cajas por debajo del puente de la barra – Guau, si en vez de ojos tuvieran puñales ya estaba desangrada.
_No lo puedo evitar, es parte de mi encanto – dijo Luc – y de mi éxito.
Sonrió de oreja a oreja dedicándome un guiño y fue a meter las botellas en las neveras casi vacías a pesar de que solo era poco mas de la una de la mañana. El local estaba a rebosar, eso era bueno, pero agotador. Los exámenes parciales habían terminado y había que celebrar, hubieras aprobado o suspendido, la cuestión era celebrar algo, descargarlo todo, y de paso cargase un poquito.
Me giré y choqué con Leo que venía con una caja de refrescos llena de vasos sucios:
_Preciosa, ¿porque no te vas un rato y te despejas?, yo me encargo de todo, tus amigas están en la puerta – me dijo con sus lindos ojos entrecerrados como queriendo dar un toque de dramatismo a la situación.
Desde que era oficial mi ruptura con Max siempre estaba pendiente de mi, como si se viera obligado a cuidarme. Conozco a mucha, muchísima gente, pero tengo pocos amigos a los que aprecie de verdad, Leo, aunque trabajaba para mi, era uno de ellos.
Mi historia con Max es larga, pero fácil de contar. Nos conocimos, empezamos a salir, montamos un bar juntos, me engaño con la que se llamaba mi mejor amiga, le puse los cuernos de la venganza, que solo fueron eso, de venganza, terminamos y aun así seguimos con el local. Tampoco era plan de que perdiéramos la fuente de ingreso de los dos. Al fin y al cabo yo tenia una casa que pagar y el un piso, así que a la práctica seguíamos siendo socios, pero nada mas, cosa que a la gente desconcertaba un poco.
Le di un beso en la cara y salí a ver donde estaban mis amigas, "las niñas" como las llamaba yo, un grupo algo excéntrico de tal variedad de caracteres y formas de vestir que
nadie pensaría que pudieran formar un grupo tan unido cuando se trataba de causas comunes. En ese momento la causa común era yo.
Estaban en la puerta de al lado sentadas en el escalón, al ver la calle llena de vasos rotos y de gente fumando porros ya me empecé a preparar para la mañana siguiente cuando vinieran las dos hermanas, las vecinas, para quejarse por la suciedad, aunque limpiábamos la acera cuando cerrábamos, y por el ruido, aunque estaban tan sordas que si se viniera el bar abajo no se enterarían. Creo que ya lo hacían por costumbre y por que Max no les caía bien, aunque a mi me adoraran y me invitaran a tomar café de vez en cuando, de hecho se alegraron cuando les dije que, aunque seguía allí, ya no estábamos juntos:
_Es lo mejor que podías haber hecho – dijo Pepa, la mayor de las dos hermanas. Una anciana adorable que se reía por todo y que me hacia parecer la chica ideal – no te merece. Una chica tan trabajadora como tu con un vago como ese. Si no fuera por ti...
Lo dicho, me adoraban.
Me acerque a las niñas, que cuando me vieron formaron un corro a mi alrededor.
_Le hemos visto, ¿es que no se va? – dijo Cloe, la guerrillera y mas directa de mis amigas.
_Por lo visto no. Se queda con sus colegas, a ver que hacen. No te preocupes por nada, yo no lo hago – le dije cogiendo su copa y dando un trago.
_¿Estas bien? – Nayra, la dulce Nayra. Me miraba como esperando que empezara a llorar. Me encogí de hombros, no quería desmontarle su versión de reina del drama diciendo que estaba mas que bien y que lo que sentía era un gran alivio.
_¡La madre que lo parió! – otra vez Cloe – sera capullo.
_Tranquila, no te alteres – Maqui, la cabal. No hay nada que no analice con una lógica aplastante.
_¿Pero que ha pasado? – Yelina, no es mi amiga ni por asomo, pero es amiga de Cloe, así que la tolero, aunque no se entera de nada de lo que pasa a su alrededor.
_No preguntes – Anita, la neutral y pacificadora.
Cloe siguió poniéndolo verde un rato mas, así me evitó el trabajo de hacerlo a mi y de paso me reí un rato.
Me hubiera encantado quedarme allí con ellas, pero tenia trabajo y debía volver al local.
_Vuelvo dentro,pasaos dentro de un rato, habrá menos gente y os invito a un chupito, ¿vale?.
Todas asintieron, pero cuando me di la vuelta escuche:
_¿también a mi? – Candela. No la vi llegar, pero al oír su voz su nombre se encendió en mi cuerpo.
_Claro – dije volviéndome para mirarla. Le sonreí y pude ver el descontento en mi grupo de amigas.
_Estupendo – dijo, y caminó contoneándose hacia la puerta del bar donde la esperaban otros. La seguí con la mirada, pero una voz me sacó de mi ensimismamiento.
_No se como la soportas – creí que era Cloe la que hablaba, pero era Anita, lo que me sorprendió. No era propio de ella.
Mire a Cloe con cara de interrogación:
_¿Que me he perdido? – Cloe no contestó, se limitó a mirar a Anita, que bajo la cara diciendo:
_Lo siento, se que es tu amiga, pero es un poco puta.
_Upes. Esa palabra es muy fuerte para ti ¿no?. Pero supongo que tendrás tus razones. ¿quieres contármelo?
_No. Ya lo veras.
_Vale – dije, cuando Anita no quería hablar no valía la pena insistir – Vuelvo al trabajo, os espero luego.
Al entrar vi a Candela tonteando con Jose, el rollo de Anita, ahora lo entendía. No es que tuvieran algo serio, pero el chico le gustaba de verdad y le había salido la vena celosa. Al verlos sentí una punzada en el estomago, no podía dejar de mirarla, con su minifalda vaquera y ese pelo largo hasta el cinturón, tan ancho como la falda, la piel reluciente y tostada de sus pechos que se dejaba entrever por el escote. Sacudí la cabeza para apartar aquella visión, tenia demasiado trabajo para preguntarme otra vez que me había pasado.
Desde el final de mi relación me di cuenta de que, en realidad, no había relación alguna que terminar, no quería a Max, el sexo era solo rutina, nada excitante, muchas veces sin que terminara de llegar al orgasmo, cosa que a él parecía no importarle. La mayoría de las noches cuando terminaba y el se dormía, afortunadamente, me masturbaba pensando en otras cosas, en otras personas. La verdad es que incluso agradecí los cuernos, así no me sentía tan mal.
Una noche estaba en mi casa, puse en la tele uno de esos canales porno y me masturbé viendo las escenas de sexo, pero que apenas me excitaban, excepto cuando aparecieron dos chicas haciéndolo, al principio me extrañe. No se cual es la definición concreta de lesbiana, así que no diré que no lo soy, aunque tampoco diré que si. Nunca he estado con otra mujer.
Pero después estaba Candela. Era asidua del bar, y cuando abría por las tardes para la hora del café a veces era la primera en llegar y pasamos el rato charlando de todo, a veces sobre sexo, y riéndonos de bobadas, cuando aparecían mas clientes se iba, y no la volvía a ver hasta el día siguiente o a veces el fin de semana. En ocasiones me descubría pensando en ella y si en aparecería. Una vez, de madrugada, me desperté sudorosa en mi cama, sola, me incorpore y me sentí mojada, con el recuerdo de un sueño que solo me traía el rostro de Candela. Era para volverse loca.
Decidí dar una vuelta por el bar para ver como iba la cosa y para controlar a la peña, que ya empezaba a estar un poco desfasada y de paso controlarme yo:
_Hey, para fumar porros tienes una calle con una acera muy bonita. En mi local no. – le dije a un tipo que estaba empezando a liar uno. Agacho la cabeza, me pidió perdón y salió a la calle. Afortunadamente mi fama de dura ya llegaba oídos de quien no me conocía, me había ganado el respeto a base de hacerlo tragar a quien decía que una "niñata" no debía levar un local, cosas de la profesión.
Volví a la barra cargada de vasos para el lavavajillas, el grupo de las chicas-loba ya se había esfumado y parecía que se nos daba una tregua. Luc, Leo y Ana estaban en el centro de la barra preparando el ritual de todas las noches, un botellin de cerveza y un chupito de absenta para calentar. Entre con ellos y nos pusimos en posición, en ese momento apareció un tipo exigiendo que le atendieran, pero Ana, que solo se parece a Anita en el nombre lo paro en seco:
_Primero, con educación, segundo, estamos a punto de brindar, tercero, si te portas bien puede que luego sea amable contigo.
El tipo se quedo parado en seco, se volvió y se sentó donde estaba antes.
_¡Pero que mala eres niña! – dijo Luc.
Levantamos los chupitos y brindamos por lo que quedaba de noche, que era bastante. El chupito de un trago y un buche de cerveza.
Después de eso llegó Max con sus amigos, nos saludo con un gesto de cabeza y siguió a lo suyo, ya podíamos estar metidos en la mierda hasta el cuello que el no entraría, por algo era su fin de semana libre. Pero en fin, se acabó la tregua y nos pusimos a servir copas como locos, de vez en cuando salia al almacén a por hielo o más refrescos, recogía vasos y me paraba con algunos que querían invitarme a algo, siempre diciendo que si, pero sin alcohol, no es plan de tener un bar y acabar alcoholizada perdida.
En una de esas vueltas los vi.
Candela agarraba a Max por la cintura y le decía algo al oído, la cara de él cambio de la risa a la sorpresa y después a la carcajada, le plantó un pico en la boca y siguió hablando con sus amigos con Candela del brazo. En ese momento todo el bar empezó a dar vueltas a mi alrededor, no sabia que me estaba pasando. Como pude fui hacia la barra, ahora menos atestada y le dije a Leo que iba un momento al patio a tomar el aire, el asintió levemente con el ceño fruncido y miro al fondo del bar.
Ya en el patio que daba paso al almacén me senté en un barril de cerveza y respire hondo. No, no podía ser, ¿por que?, ¿que pasa?. No, no era por Max, eso lo sabia, entonces ¿que?. Me había tomado todo esto muy bien, incluso me alegre al poder dejar a Max sin ningún remordimiento y culparlo a él, era mas fácil. Pero por que esto ahora. Mi estomago empezó a revolverse, sentía nauseas, todo me daba vueltas. Me acerque a la pileta donde cogíamos el agua para limpiar la calle y vomité, lo eche todo, hasta la ultima papilla. Entonces apareció Leo, al verme de esa forma se acercó y me sujeto la cabeza mientras terminaba de vomitar.
_Ya esta nena, ya esta. ¿quieres que te traiga algo?.
No podía hablar, estaba como en otro mundo, oía pero no podía articular palabra alguna.
_Te traeré agua, ahora vuelvo.
Empece a tranquilizarme, la vomitona me sentó bien, cuando Leo volvió ya había recobrado el control y buscaba algo que decirle para justificar aquello, pero no hizo falta.
_Creo que la absenta te ha podido sentar mal – me dijo mientras me daba una botella de agua – eso y que llevas aquí mas de doce horas, son las cuatro y media, por que no te vas a casa, yo me encargo del cierre. Quédate aquí hasta que te sientas mejor, sal cuando quieras, esta todo controlado ahí dentro, no te preocupes por nada ¿vale?.
Me dio un beso en la frente y entró. Cómo agradecía un amigo como él, la verdad es que tenia suerte. Sabia que pensaba que esto era por Max, pero esperaría hasta mañana para darme una patada en el culo y decirme que era tonta por ponerme así, que no valía la pena. Lo que no sabia era lo equivocado que estaba.
Entré en el almacén para ir al baño que teníamos dentro, uno en el que no había que esperar las colas que se formaban en el del local y en el que tenia un neceser con todo lo necesario, había noches-madrugada que me quedaba a dormir allí, en un sofá que teníamos dentro del almacén con sacos de dormir y algún cojín, por que no valía la pena ir a casa cuando tenia que estar allí a primera hora de la mañana para cualquier cosa, ya fuera el del equipo de sonido de un concierto la noche anterior que venia a recoger sus cosas, proveedores de mercancía, etc,etc. Si, parece que tener un bar es muy chulo, pero curras como una campeona.
Cogí el cepillo de dientes del neceser y me lave la boca, allí estaba la parodia de un pene a pilas que Cloe me regalo al poco de terminar con Max diciendo:
_Un mes sin sexo pase, pero dos sin hacerte ni una paja no es sano – así era mi amiga. La misma noche que me lo regalo lo estrené. Que razón tenia.
Me refresque la cara y otra vez como nueva. Cuando salí al patio vi una figura que salía por la puerta. Era Candela.
_Huy! Me asustaste, esta oscuro esto. Perdona, Max me dijo que podía usar el baño de dentro, hay mucha cola en el otro y no aguanto.
_Si claro – otra vez esa sensación en el estomago – esta por aquí, ven te acompaño, esta poco iluminado. – era verdad, lo juro – entra.
Me dio la mano y la lleve al fondo del almacén donde estaba el baño. Ella apretaba mi mano, pero no sabia si por que le asustaba el almacén, que era un poco tétrico todo hay que decirlo, o por alguna otra razón.
_Aquí esta, te esperaré en el patio – no se porque dije eso.
_No, no te vayas.
Pero su voz no sonó con miedo, si no mas bien sensual.
_Entra conmigo.
Entré, ahora la asustada era yo. No sabía que hacía cuando dije que la esperaría fuera, quizá es que no quería estar allí, pero tampoco se porque me quedé. El baño no era pequeño, tenia una placa de ducha que usaba cuando dormía allí, pero tampoco era muy grande. Candela se subió la pequeña falda vaquera y se bajo el tanga hasta la botas también vaqueras de tono rosa que hacían juego con su blusa semitransparente. Al agacharse le vi los pechos, turgentes, redondos, abrazados por un sujetador de tono rosado también que hacia que el canal entre ellos pareciera insondable. Me di cuenta de que los miraba fijamente y aparte la vista. No tenia ni idea de lo que me pasaba.
Candela no era la típica tía buena que todo el mundo admira, no era guapa a rabiar, no tenia un cuerpo espectacular, algunos dirían que vestía con poco gusto, pero tenia esa luz interior que hacia que todos, absolutamente todos, incluida yo, se volvieran a mirarla cada vez que entraba en cualquier lugar. Incluso tenia una tenue cicatriz desde la mejilla derecha a la comisura del labio, resto de un accidente que casi le costo la vida. quizá fuera por eso que vivía con tantas ganas, quizás fuera esa la razón que la hacia mejor que muchas de las chicas que había por aquí, como las chicas-lobo, pero lo que era indudable era que todo en ella resultaba sexual, no sensual, sexual. A mi parecer ella era un animal sexual, se movía por impulsos, si algo o alguien le apetecía iba a por ello, en parte la envidiaba, por que quería ser como ella, ir a por lo que quería sin importar nada, ir a por ella, tocarla, acariciar esos pechos que me cortaban la respiración, besar esa boca que pese a su imperfección era tan deseable, tan sexy... Me sobresalté, no podía creer lo que estaba pensando, intenté apartar de mi esas ideas, ¡por todas las Diosas de la tierra!, ¿que me estaba pasando?.
Cuando volví al mundo real me di cuenta que le seguía observando los pechos a través del espejo, pero ahora ella también me observaba a mi, de pie desde atrás. Di un brinco al percatarme de ello, quise salir inmediatamente de allí, abrí el pestillo de la puerta, pero ella se puso en medio, no se movió. Me miró fijamente y susurró:
_¿Te gusto? – aquello era demasiado para mi esa noche, el aire se volvió sofocante, el baño más pequeño, no quería quedarme, pero tampoco quería irme, no sabia que hacer.
_No me has contestado. ¿te gusto si o no ?.
_Si, eres agradable y me caes bien – que coño iba a decir, ¿que me moría por tocarla y comérmela entera?
_No es a lo que me refiero, eso ya lo se – hablaba casi en susurros y respiraba tan profundamente que podía sentir su aliento en mi boca – Te portas bien conmigo, por lo general no caigo bien a las tías. Pero tu eres diferente, eres como yo.
_¿Como tu?, no te entiendo – me estaba volviendo loca, la deseaba, estaba excitaba, mi clítoris palpitaba de tal forma que empezaban a martillearme hasta las sienes, pero no me atrevía a dar un paso que, de ser en falso, podría ser una catástrofe.
_Si, si que me entiendes, eres como yo, me deseas, lo se por que también te deseo y quiero que me tengas.
_Estas borracha, no sabes lo que dices.
_No, si estuviera borracha seguramente estaría quitándome a algún sobón de encima. Aunque muchas lo piensen no soy un puta, o por lo menos no una puta cualquiera.
Aquello me hizo gracia, me reí y ella conmigo, la tensión del momento pareció bajar un poco y nos relajamos, por lo menos yo, al parecer ella no estaba nerviosa.
_Pero Max te estará buscando y sabe que estas aquí.
_No, mentí, no lo sabe. Además, a él que le importa. Te vi antes salir aquí cuando hablaba con él, por eso vine, pero creo que ya estamos hablando de más.
Entonces se acerco a mi, rozo sus pechos con los míos, me acarició el cuello y lentamente acercó su boca hasta la mía, poniéndose de puntillas lamió mis labios con la lengua, mi 1`80 de altura era mi mayor defensa, pero aun así me incline y dejé que me besara mas cómodamente. La cogí por la cintura y la apreté contra mi. El calor que despedía su cuerpo me excitaba, calentaba mi pecho y mi sangre comenzaba a hervir.
_Candela – dije casi sin respiración, no paraba de besarme, apenas podía hablar – Candela por favor. Dime que no estas bebida, que no es el alcohol.
Me miro de tal forma que todo el vello de mi cuerpo, todo, se erizó de deseo, de lujuria.
_No-es-el-alcohol. ¿Tanto te cuesta creer que quiera follarte? – y ya no pude más.
La besé con más ganas aun si se podía, le empecé a desabrochar la blusa y ella me abrió el cierre del pantalón con maestría, su blusa en el suelo y el broche del sujetador que se resistía, yo no usaba, así que me retiró las manos y se lo quitó ella. Agarrándome del pelo llevo mi cara hasta sus pechos mientras metía su mano entre mi piel y mis braguitas. Cuando tuve sus pechos ante mis ojos los besé, primero con suavidad, pero ella me apretó contra si y los mordí, lamí, jugué con ellos, los masajeaba entre los dedos, no podía creer que esas tetas tan redondas, tan sugerentes estuvieran ahí para mi, quería hacerlo todo a la vez, mientras ella se dejaba hacer su mano seguía bajando, cuando sus dedos tocaron mi sexo una sensación eléctrica me recorrió desde el clítoris hasta la nuca, eche la cabeza hacia atrás por la convulsión y empezó a darme ligeros mordiscos en el cuello. Su lengua recorría mi garganta, gire la cabeza para ofrecerle el otro lado. De repente me di cuenta que había alguien mas allí, me quede quieta y Candela también, la puerta del baño se había abierto por completo, olvidé que había quitado el cierre, y allí plantado estaba Leo, inmóvil, como petrificado. Por un momento me vi como en esas pelis porno en la que aparece un chico cuando dos tías se lo están montado y se une a ellas sin que pongan objeciones. Pero era Leo,era como mi hermano mayor, y el no era de los que se cuelan en una fiesta sin ser invitado. Se dio la vuelta sin decir nada y se fue, cerrando la puerta con llave y lanzandolas luego por la pequeña ventana que daba al patio, las llaves cayeron en el sofá con un ruido sordo.
Candela jadeaba aun por la excitación, la cabeza apoyada en mi pecho, yo, casi sin respiración la miraba sin saber que hacer, como continuar, pero otra vez me tomó la delantera, me cogió de las manos y nos acercamos al sofá, ahora estábamos a salvo, Leo se encargaría de eso, estaba segura.
Nos sentamos juntas,me tendí cual larga era en el sofá, Candela se tumbó sobre mi y el olor de su pelo elevó mis sentidos, me acarició la mejilla con su fina mano y se quedó allí exhausta, respirando cerca de mi cuello. No se cuanto tiempo estuvimos así, ¿una eternidad?, ¿un segundo?, yo le acariciaba la nuca y su mano rozaba mi cara suavemente. La apreté contra mi cuerpo, mi corazón aceleró su marcha y noté como la delicada cabeza de Candela se movía al ritmo de sus palpitaciones. Besé sus cabellos suavemente. Candela alzó su rostro, sus labios tan cerca de los míos, me besó tan apasionadamente que todo se volvió claro como el cristal. Me deseaba, yo la deseaba. No era una fantasía, no era un sueño caliente en plena madrugada, estaba allí para mi, y yo para ella. En un segundo decidí que si aquello solo iba a suceder una vez en la vida haría que ella me recordara para siempre.
Lentamente me gire separándome de su cuerpo, ella me miró implorante, "no te vayas" decían sus ojos. Me arrodillé en el suelo junto a ella, dejándola tumbada en el sofá, mi mano aun en su nuca. Con la yema del dedo rocé sus labios, sacó la lengua y lo lamió. Con su saliva dibuje una linea hasta su pecho desnudo y llegue hasta sus pezones erectos. Los recorrí lentamente, dando suaves pellizcos a la parte mas dura de ellos. Besé sus aureolas oscuras y tersas, mientras mis manos apretaban sus senos, con mi lengua seguí el círculo mágico que las envolvía. Notaba su excitación a cada lamida. Recorrí con mi boca su vientre, introduciendo la lengua en su pequeño ombligo y bajando hasta encontrarme con el principio de su falda. Saboreé cada centímetro de esa piel tan tersa, tan dulce que daba paso al fruto de mi deseo, pero no quería acelerar las cosas. Le quité el ancho cinturón. Desabroché la falda poco a poco y se la saque por las piernas, no hacia falta que le dijera nada, ella adivinaba cada uno de mis movimientos y se dejaba hacer, levantó sus nalgas para que la falda terminara de salir y continuó para bajarse el tanga, pero le agarré las manos y le dije que no con la cabeza, las retiró. Ahora era yo quien tenia el control, puede que ella iniciara todo esto, pero seria yo quien lo continuara. No le quite las botas, solo con ellas y con el tanga de un rosa pálido hice que se incorporara y se sentara con las piernas abiertas, yo arrodillada entre ellas. La observé fascinada, allí delante de mi estaba la mas apetecible de las mujeres que conocía. Y era mía. Besé su boca que me devolvió un beso cargado de ansia, de prisas por ser llevada al placer. Continué besando su cuerpo, mis manos en sus caderas, ahora sin tanta ceremonia bajé directamente hasta el pequeño tanga.
Candela gemía, olí su sexo y pude notar lo mojado de la tela que tenia ante mi. Mi clítoris no podía más, estaba tan hinchado que dolía al clavarse con la costura del pantalón, que me proporcionaba algo de consuelo, pero ese tipo de dolor agradable y extenuante de la verdadera excitación. Retiré a un lado la telita y besé su monte de venus, el olor se hizo más intenso y vi como ligeros chorros de flujo caigan mojandole los muslos. Retirándome un poco la levanté y le quite el tanga que quedó colgando de una de sus botas, le abrí más aun las piernas, tenia un coño precioso, afeitado, con una fina linea de vello a modo de triangulo, y hundí mi cara entre ellas.
Candela se retorció de placer. Nunca había estado con una mujer, nunca había hecho esas cosas, pero parecía que algo natural me guiaba, sabia perfectamente que tenia que hacer y que era lo que más le haría disfrutar. Chupé su clítoris dando pequeños tirones y succionando con mis labios. La necesidad de conocer su sabor me inundó. Recorrí con mi lengua toda su extensión, lamiéndolo como si fuera un helado caliente. Metí un dedo dentro de su vagina y lo moví buscando el punto adecuado de gozo. Lo metía y lo sacaba, después metí otro dedo, los dos chorreando con una mezcla de su flujo y mi saliva. Candela se movía al ritmo que yo le marcaba, gimiendo, apretando con sus puños los cojines del sofá. Le introduje tres dedos, parecía como si yo misma pudiera meterme dentro de ella, los empuje hasta el fondo y uní mi lengua al baile, la hacia entrar y salir compasadamente, pasándola por el clítoris y volviendo dentro para darle más placer. Ella jadeaba, suplicaba que parara pero no hacia nada por impedírmelo. Y entonces explotó. Noté como se estremecía, su cuerpo en tensión y su coño aprisionando mis dedos. Mi mano estaba toda llena de su flujo. No podía parar, necesitaba ese néctar. Cuando sentí que se iba a correr acerque de nuevo mi boca a su sexo y bebí de esa dulce sensación de victoria. Ese orgasmo que yo había provocado era mio y podía tomarlo. Ella se agarró de mi pelo y me apretó más contra sí, no podía casi respirar, pero no me importaba, todo lo que quería estaba ahí. lamí, chupé, bebí todo cuanto salió de ese cuerpo sudoroso que olía a miel y frutas. Me hubiera quedado toda la vida allí.
De pronto me agarró la cara y retiró mi boca de ella. Estaba confusa, turbada, quería seguir allí, dentro de esa enorme fuente de placer, comiéndomela, saboreando su flujo ácido y dulce a la vez. Aun temblando Candela me miró:
_Ahora me toca a mi.
Un estremecimiento recorrió mi sexo, se sentó jadeando en el filo del asiento, dejé que me quitara la camiseta que dejó al descubierto de inmediato mis pechos pequeños sin la presencia de sujetador, que nunca llevaba, al principio me avergonzó, mis tetas no tenían nada de especial, al menos para mi, estaban bien formadas, aunque pequeñas. Agaché la cabeza, no quería ver su cara de decepción, pero ella cogiéndome de la barbilla hizo que la mirara, acercó su boca hacia mi boca, que se quedó esperando un beso, y empezó a lamer los restos de su flujo que quedaban en mi mentón, luego me besó y saboreó su propio cuerpo en mis labios. Cuando se hubo saciado se retiró y me observó los pechos, yo quería retirar la vista, pero ella no me dejó:
_Tienes una tetas perfectas – y me sonrió.
Se puso en pie lentamente, su coño volvió a estar al alcance de mi lengua ávida de él, pero no me dejó acercarme. Me cogió las manos y me ayudo a incorporarme, tenia las rodillas entumecidas, pero al momento me olvidé de eso. Empezó a besarme acariciando mis pechos, volvió su cara hacia ellos y comenzó a chuparlos con avidez. Sus manos recorrían mi espalda y me hacían cosquillas, apretaban mis senos con suavidad mientras su lengua rodeaba mis pezones y los humedecía. Mi sexo seguía hinchado, el nivel se excitación era tal que ahora si que dolía. Candela me fue bajando lentamente los pantalones dejando ver mis braguitas negras con el dibujo de una ninfa en el frente, regalo de Nayra en mi ultimo cumpleaños. Miró hacia arriba sonriendo:
_No tengo mucho tiempo para hacer la colada. – dije encogiéndome de hombros.
_Me encantan.
Siguió el contorno superior de la braguita con la punta de los dedos, las bajo poco a poco dejando al aire los primeros vellos negros y rizados de mi pubis. Dejándome con los pantalones y las braguitas por las rodillas me dio la vuelta y me sentó en el sofá. Me sacó los zapatos como si realizara un ritual antiquísimo, lentamente, sin perder el contacto con mi mirada. Me quitó la ropa y me dejó totalmente desnuda, a la luz tenue que salia del baño su piel brillaba aun por el sudor. Se arrodilló frente a mi como yo hiciera antes y me abrió las piernas. Agradecí el cambio de temperatura, tenia el sexo tan caliente que el aire fresco del almacén era un alivio. Acercó su cara a mi pubis y lo besó. Aquello hizo que mi piel se erizara y que un escalofrió recorriera mi espalda. Sacó la punta de la lengua y dibujó círculos alrededor de mi clítoris, tan hinchado y duro que no sabía si aguantaría Estaba temblando por la sensación de sus manos en mis muslos acercando los dedos a mis labios sexuales. Con los pulgares me abrió y pasó la lengua, como yo le había hecho a ella. Me masturbaba con la lengua, metiendola y sacándola lentamente, sin perder el control. Aquel ritmo me llevaría al orgasmo, entonces metió unos de sus delgados dedos dentro de mi coño. El ritmo se hizo más violento. Ahora con la palma de su mano masajeaba el clítoris mientras metía y sacada el dedo, sin miramientos metió tres dedos. Gemía, me retorcía, iba a explotar. Mientras me follaba con una mano, la otra apretaba mis senos duros. Sentí como llegaba al clímax cuando sus movimientos llegaron al pequeño botón que creía solo conocer yo. Con las yemas de sus dedos acariciaba dentro de mi vagina ese punto tan escondido que tanto placer me aportaba. Me corrí. Un orgasmo como no había sentido otro igual. Cerré los ojos y me dejé llevar. El rayo recorrió todo mi cuerpo,me partió por la mitad, una sensación de humedad y me hice agua. Me derrame como un cáliz de placer mientras seguía sintiendo la boca de Candela bebiendo mis efluvios de gozo.
Con mi cuerpo relajado por fin abrí los ojos. Candela me miraba extasiada, con la cara llena de mi flujo y los ojos brillantes. Se sentó a mi lado y echó su cabeza sobre mi hombro. La abracé y la besé de nuevo. No quería que acabara. Aun no. Me levanté y fui hasta el baño. Cogí un rollo de papel y mi neceser, le alcancé a Candela el papel y puse el neceser en el suelo al lado del sofá. Se limpió lentamente, primero los muslos llenos de jugo y luego el resto, me miraba con los ojos entrecerrados, pero no decía nada. Entonces pasó la lengua por sus labios recogiendo lo que quedaba de mi flujo. Yo de pie ante ella sentí que otra vez me excitaba. Excitarme después de un orgasmo así me dio aun mas placer si cabía. Sin pensarlo me senté a horcajadas sobre ella, mis tetas a la altura de su boca. abrazándome las caderas me atrajo hacia sí comenzando a lamer mis pechos, metiéndoselos en la boca, succionando. Llevó su mano hacia mi sexo aun mojado y comenzó a masturbarme otra vez, pero ahora fui yo quien la paró. Le retiré las manos, y ella sonrió. Me incline hacia el neceser sin perder el control sobre su cuerpo y saque el cilindro de plástico que contenía el pene de látex. Me lanzó una mirada mezcla de sorpresa, curiosidad y lujuria. Saqué el aparato de su funda y lo acerque a su boca. Sacó la lengua y mojó la punta del vibrador. Lo encendí, primero con una ligera vibración, recorrí el espacio entre sus pechos, deslizándolo arriba y abajo sobre todo su torso desnudo. La besaba y le mordía el cuello. Cuando menos se lo esperaba acerque la punta a su clítoris, se revolvió debajo de mis piernas, pero no podía escapar. Su cuerpo en tensión con la cabeza hacia atrás. Por debajo de mis muslos introduje lentamente el aparato en su vagina, primero la punta, suavemente, dando pequeños rodeos. Se quedo quieta por fin y empezó a moverse al ritmo que le marcaba. A cada giro que daba ella soltaba un gemido. Aumente la vibración y dejo de respirar por unos segundos, me detuve. Candela abrió los ojos en una mueca de reproche, así que continué, pero esta vez al máximo de la potencia del aparato. Sus movimientos acompasados se volvieron mas salvajes, mas violentos. Le metía y sacaba el vibrador mas rápido y fuerte. Sus manos apretaron mis muslos y cuando se corrió puede sentir el temblor por todo su cuerpo. Se doblo sobre mi abrazándome por las caderas. No sabia si le produje mas de uno o este fue muy largo, lo que si sabia es que duró tanto que parecía ausente, con una sonrisa en la boca entreabierta intentando abarcar el aire que se le escapaba. Apague el vibrador cuando note que terminaba. Lo retire dando pequeños giros suaves.
Cuando su cuerpo se relajó y se echó hacia atrás vi el sudor en su cara, con las ojos cerrados y la sonrisa dibujada. Parecía tan en calma, tan a gusto donde estaba que no me moví por no molestarla. La miré detenidamente. Sus pechos, brillantes, subían y bajaban con una respiración que se calmaba por segundos. Estaba ensimismada en su rostro.
La quería. Lo supe en ese momento, un momento que no quería que terminara. Abrió los ojos y acercando su mano acarició mi mejilla. Me retiré, ahora sentadas una al lado de la otra con la manos unidas. Mi excitación había dejado paso al agotamiento acumulado del día cerré los ojos con el pensamiento fijo en el tacto de su mano que me negaba a soltar. Noté que se movía y me atraía hacia ella sin soltar mi mano. Nos tumbamos y se acurrucó sobre mi pecho. La besé en la frente con ternura aun con los ojos cerrados, quería que supiera que aquello era algo más que sexo para mi, quería que supiera que la amaba, que siempre la amaría aunque ella no lo hiciera. Pero no podía
Candela tembló, pero ahora por frío. Tiré de la manta que había sobre el respaldo del sofá y nos abrazamos aun más fuerte bajo su calor. Otra vez mi cabeza daba vueltas. ¿Y mañana qué?. No dijimos nada. Su respiración se fue haciendo mas regular y noté como su cuerpo languidecía por el sueño. Los parpados me pesaban y era incapaz de abrir los ojos. Me dormí con sueños contradictorios de Candela entrando en el bar y besándome delante de todos sin que nada nos importara, o Candela y yo hablando como si nada hubiera pasado, o peor, Candela negándose a mirarme a la cara y negando que aquello hubiera sucedido. Fueron sueños que bien podían hacerse realidad de un modo u otro.
Desperté con el sol entrando por la ventana y dándome directamente en la cara. Estaba sola.
Me incorporé. Hacia frío, me enrollé en la manta y mi mente empezó a despertar más tarde que mi cuerpo. Intente recordar que hacia allí. Había sido un sueño. Todo lo ocurrido no fue real, casi estaba convencida de ello. Entonces me percate de que estaba desnuda, cuando dormía allí lo hacia vestida. Y todo regresó a mi como si volviera a suceder. Candela y Max. Los besos en el baño. Leo delante de nosotras. Las dos en el sofá. Su cuerpo, su olor, su sabor. Aun tenia su sabor en mi boca. Una mezcla de alegría y tristeza inundó mi alma. Había sido real, la tuve entre mis brazos y la amé. Pero ahora no estaba. Recordé los sueños en los que perdía a Candela de una forma u otra. Ahora se convertían en pesadillas. No quería volver a estar con ningún hombre, no podría estar con ninguna otra mujer que no fuera ella. Candela. Su nombre ardía en mi mente. Solo podía pensar en si estaba bien, en donde estaría, que habría pensado al despertar conmigo, en si se arrepentiría ahora que el sol deslumbraba al deseo. Volví a tumbarme y escondí la cabeza debajo de la manta. No quería levantarme. No podía enfrentar la idea de continuar una vida sin Candela a mi lado. Sin darme cuenta empece a llorar. No era un llanto desesperado por la perdida, eran lagrimas silenciosas de dolor.
Noté que alguien me tocaba. Una mano sobre mi hombro que me apretaba con suavidad como para despertarme. Creí que era Leo que volvía para asegurarse de que todo estaba bien. Me limpié las lagrimas y asomé la cabeza por el borde de la manta. A contraluz vi una figura pequeña con una bolsa en la mano.
_He traído el desayuno.
Me incorporé de un golpe. La voz que habló desató un resorte en mi. allí estaba, con su falda y mi camiseta, sonriente, con la cabeza inclinada señalando la bolsa de la cafetería donde desayunaba la mayoría de las veces. No podía decir nada. Candela se acercó y me miro con cara de interrogación. Dejó la bolsa en la mesita al lado del sofá y se sentó a mi lado. Cogiendo mi cara entre sus manos me besó con la misma dulzura de la noche anterior mientras secaba el resto de las lagrimas que aun recorrían mi rostro.
_No me iré a menos que tu quieras que me vaya. – Lo dijo tan seria y con tal cara de preocupación que lo único que pude hacer fue volver a besarla.
_No quiero que te vayas. No quiero que te vayas nunca. Te amo. – Al decirlo, el silencio que siguió fue tal, que pude oír mi propio corazón desbocado pararse en seco esperando lo peor.
_Pensé que nunca me lo ibas a decir.
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